¿Qué hacer ante tanto triste?
Desde hace tiempo vengo observando un cambio social que me parece muy relevante: se ha perdido el pudor por hacer públicas las desgracias personales. No ha sido un cambio repentino, ni siquiera novedoso, pero, quizá sea cosa de los años, es la primera ocasión en que noto que la educación que recibí de mis padres es muy distinta -diría que contraria- a los nuevas vigencias sociales. Y me tiene ciertamente descolocado. Cuando era pequeño y me ocurría alguna cosa mala, mis padres siempre me decían que eso era algo privado, y que solo había que contarlo a quien de verdad se tuviera confianza para hacerlo. De forma que, en el trato social, se debía mostrar siempre buena cara, pues "los demás no tienen por qué sufrir la negatividad proveniente de cosas personales". Esto ha cambiado. El auge de la preocupación por la salud mental ha eliminado dicha barrera y ya todo el mundo airea sus problemas, convirtiendo muchas reuniones sociales en una especie de tsunami de negatividad que, cua...