Hay que ver el documental de Rafa Nadal

He visto el documental de Rafa Nadal en Netflix. Cuando lo vi anunciado tuve muchas ganas de verlo porque siento que Nadal me pertenece en un cierto sentido. En su primera gran victoria, el Roland Garros de 2005 frente a Mariano Puerta, tenía seis años; en su última, veinticuatro. Uno de mis grandes recuerdos de la infancia es verle jugar y ganar a través de Teledeporte. Por supuesto, todos los Grand Slams, pero también los Masters 1000. Mientras escribo rememoro un cabreo que cogí cuando le vi perder un partido en Indian Wells allá por el año 2008 o 2009, o la emoción que me embargó cuando le vi ganar su primer Wimbledon en 2008 en el antológico partido contra Federer retransmitido por Cuatro en España. Pero, sin duda, mi mejor recuerdo de él data del año 2009, año en el que se produjo su primera derrota en Roland Garros (la primera de sus solo el torneo parisino) frente al sueco Soderling. La misma tarde que terminó el partido fui con mis padres al recientemente abierto Corte Inglés de Elche a comprarme el polo rosa con la raya amarilla en el pecho que había llevado Nadal ese año. Me lo puse, en cierta manera, por honrarle en la derrota, que es cuando pensaba que era más necesario. 

Puedo afirmar que mi infancia y mi adolescencia está marcada por la presencia de Rafa Nadal. Es más, creo que es el deportista que más me ha marcado porque siempre vi desarrolladas en él virtudes que pensaba que debía desarrollar: especialmente, la tenacidad y la resistencia. Esas virtudes que se intuían, el documental las corrobora. Desde la detección de su lesión derivada de una enfermedad degenerativa que le causa -aún hoy- fuertes dolores en el pie, su carrera ha consistido en sobreponerse a ese dolor y ganar. De hecho, esa enfermedad es la causa de las infinitas lesiones que ha tenido a lo largo de su carrera y, sobre todo, en su vida. Lo que más me ha impacto es ver cómo reconoce que tiene dos pequeñas perforaciones en los intestinos causadas por los antiinflamatorios que durante muchos años ha tenido que tomar diariamente para poder competir. Como digo, visionando el documental mi percepción de él, si ya era grande, se ha elevado a la estratosfera. No rendirse y aceptar la realidad son los dos ideas que jalonan su carrera deportiva.

Otro aspecto que me despertaba mucha curiosidad y que el documental ayuda a despejar dudas es su relación con su tío y entrenador durante casi toda su carrera, Toni Nadal. Reconozco que he visto muchas entrevistas y charlas que ha dado Toni y que algunas ideas o comentarios me han sonado familiares. Toni reconoce que fue extremadamente duro con Rafa con el objetivo de que desde pequeño se acostumbrara a sufrir y no rendirse. Creo que merecen ser destacados dos ejemplos. Muchos días, Toni le mentía en relación con la duración del entrenamiento: le decía que duraba una hora y media y, cuando se cumplía, le decía que faltaba media hora más. En otros momentos, le obligaba a entrenar la primera hora sin beber agua. Este es, quizá, uno de los temas más importantes de los que plantea el documental. ¿Fue excesivamente duro Toni? ¿Era necesario llevar tan al límite a un niño para extraer todo su potencial? ¿Fue duro porque Rafa lo soportaba? ¿Es necesario siempre decir la verdad crudamente o a veces es recomendable empatizar? Y, por encima de todo, ¿Rafa es lo que es, es decir, se ha logrado sobreponer a todo lo que le ha pasado porque desde pequeño fue educado de esta manera?

Todas estas preguntas requieren muchos matices. Por mi parte, creo que Toni ha sido una pieza esencial, y que es el principal responsable de que Rafa sea hoy un ejemplo para muchos de nosotros. Pero como él mismo reconoce, hubo momentos en que cruzó la línea. Ser maestro o tutor de alguien debe ser muy difícil (no lo sé porque no lo he sido de nadie), pero me parece que no se debe perder de vista que el pupilo o discípulo está siempre en una posición inferior. Dureza sí, pero también empatía con quien está tratando de aprender y, a veces, puede sentirse perdido o, como reconoce Nadal, acorralado ante tantas críticas y ningún elogio. Mención aparte merecen los padres de Rafa, que, sabiendo cómo estaba siendo tratado su hijo, confiaron en Toni.

En definitiva, recomiendo encarecidamente el visionado del documental. Se ven los entresijos de la vida personal y profesional de, en esencia, una buena persona. En estos tiempos revueltos en los que los ídolos parecen ser las casquivanas y los chulos de postín, reivindicar la figura de Rafa Nadal no solo puede ser un bálsamo, como lo fue para Íngrid Betancourt durante su secuestro por los terroristas de las guerrillas colombianas, sino que es un imperativo moral. 

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