TE HACE FALTA HUMILDAD

La fama importa. La opinión ajena es imparable. Cualquier acción suscitará no pocos comentarios. Yo, quizá por mi trabajo, siempre estoy expuesto a la crítica. Tal vez sea consuetudinario, mas molesta.

El otro día andaba por alguna de esas pistas cuyo nombre prefiero no acordarme, cuando me sucedió algo que me dejó de piedra. Termina un partido tras una prórroga. Pito el final, me acerco a la mesa y me quito el silbato. No estuve acertado. Lo sé. Lo reconozco. Total, que firmo el cierre del acta y viene el entrenador perdedor a recriminar acciones que, según él, habían sido las causantes de su derrota.

Tras una breve discusión se va. No sin antes sentenciar con un “Te falta humildad”. Nada más y nada menos que una sentencia de tipo moral a modo de consejo. Me río. Tal vez sí. Puede ser, pero en este mundo de locos tienes que ser como el maravilloso personaje revertiano Lorenzo Falcó: de un lado tú y del otro, todos los demás. Sin duda, después de seis años arbitrando, esa es la clave. Crearte la coraza para, como dice mi madre, estar curado de espanto.

Soy árbitro temporal. En mi adolescencia siempre ha estado presente el silbato, mi mejor amigo durante 6 años. Cada vez lo tengo más claro. Este año si todo sale bien, será mi último año en esto del arbitraje. Me retiro con diecinueve años. Todo muy prematuro.

Esto me ha dado mucho, pero me ha quitado otro tanto -me perdí mi dieciocho cumpleaños y el ochenta de mi abuela-. A medida que tecleo voy recordando a todas aquellas personas que hicieron posible esto. Jorge, el primero en darme un silbato y animarme a salir a pista; Esmeralda, nuestro primer partido en Novelda; Pepe, tantas horas juntos recorriendo pueblos; Ramón, siempre digo que fuiste tú quien me hizo querer esto; Guillermo, tantas conversaciones que me enseñaron a relativizar; Yoselin, nunca vi un crono tan veloz como el tuyo; Andrea, nunca aprendí a llorar y, por último, a mis padres que fueron los precursores y los que realmente sufrieron las esperas gélidas en Alicante.


Por ello, el arbitraje es parte de mi vida y como los filósofos nunca de serlo, los árbitros tampoco. Siempre seré ese chiquillo de Elche que pitaba con grandes compañeros. 

Comentarios

Entradas populares