EL MACHISTA Y CHULO ESE
El otro día -no sé exactamente
cuándo- paseaba por la ciudad disfrutando, observando la vida pasar. La vida
contemplativa es la vida mejor, convencido me hallo. Epicuro me ha enseñado que
la felicidad, aquella que tanto atrae y cuando está nadie la aprecia, estriba
en vivir oculto. Por ello, yo andaba intentando pasar desapercibido.
Llego al destino y entro. La
librería no es grande en demasía, mas tiene libros de cierta calidad. Ando
ojeando algunos en la sección de Historia y Clásicos. De repente, entra una
señora. Aires de grandeza, recogido cabelludo y abrigo presumiblemente caro. No
está ni medio segundo mirando libros cuando pregunta: “Perdone, ¿qué libro me
recomienda?” La librera levanta la vista y le pregunta qué genero le suele
gustar. Responde: “No sé, quiero un libro entretenido que me enganche”. Justo
había varios ejemplares de Falcó de
mi admirado Pérez-Reverte. La librera se lo recomienda y busca mi mirada
cómplice. Se la doy, la tiene. Intervengo diciendo: “Sí, se lo recomiendo.
Trepidante y, sobre todo, bien escrito; vamos… Que es revertiano”. Me mira la
librera y la señora con sonrisa y mueca altiva, respectivamente.
Dejo el libro. Me despido con un
adiós, quizá un hasta luego. Volveré, seguro. Salgo a la calle exasperado.
Luego pienso en una recomendación -desconozco el autor- que escuché hace poco
en televisión: los sentimientos hostiles hacia el prójimo son autodestructivos,
nada aportan y todo destruyen. Cierto es.
Sigo mi camino. Vuelta a casa,
hace frío y no he cenado.

Comentarios
Publicar un comentario