EL GRUPO DE WHATSAPP Y EL CARPE DIEM
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| Relojes blandos. Dalí. Tempus fugit |
Salta la notificación cuando la penúltima persona sale. Entras en él, revisas su foto de perfil y recuerdas el hecho causal que lo creó: un cumpleaños, la clase de hace tres años, un antiguo grupo de amigos, una familia unida... Vaya usted a saber. Todo eso quedó atrás. El tiempo pasa y junto a él se desvanecen los motivos.
Has visto los archivos que se enviaron. Miras la fecha y sonríes. Qué fue de aquel examen, de aquella foto haciendo el payaso en un momento de alegría, de aquel amigo que, si saber muy bien por qué, dejó de serlo o de aquella foto con apuntes para alguien que preguntó. Los chamanes dicen que el pasado no existe, el futuro tampoco; por ello, solo queda el presente.
Esquina superior izquierda. Tres puntos blancos a modo de emoticono. Se desplegan las opciones. Una de ella es salir del grupo. Le echas valor y pulsas. Para WhatsApp te pregunta si estas seguro,¡Cómo si no hubiese pensado suficiente! Sí, te autoconvences. De nada sirve tenerlo ahí ocupando espacio. Marcas y, en medio segundo,el grupo que tanta actividad tuvo desaparece. Huye. Nadie sabrá de él.
Quizá la vida sea eso. Momentos que no vuelven, secuencias que se desvanecen o acciones caídas en el olvido. Ya sabía yo que los griegos con aquellos del carpe diem sabían de que iba el asunto llamado vida.

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