LOS VERANOS Y SUS COSAS

Hay instantes que te marcan. Éste fue uno de ellos. Estaba whattsapeando con una vieja amiga canaria y un mensaje cambió. Una foto lo inició todo.

(http://www.hdfondos.eu/preview/264588/1920/1080). Atardecer.
Coincidimos un verano en Norwich. Ella en casa de su tía, yo en una familia con dos amigos. La conocimos en la academia donde estudiábamos todas las mañanas. Qué maravilla de academia. Teníamos dieciséis años, edad de efervescencia hormonal. Intentamos flirtear con ella, mas no se dejó. Tenía novio. Seguimos hablando con ella. Comíamos juntos sándwiches de jamón york con mantequilla en las escaleras del Millenium bailábamos mientras esquivábamos a los mosquitos en los Chapelfield Garden y visitábamos tiendas en el centro comercial. Esa era nuestra rutina. Siempre la misma, nunca igual.

Aquel verano de 2015 marcó mi desarrollo. Por primera vez volaba con amigos y para quince días. Todo era nuevo para mí. Debía desenvolverme ávidamente y, encima, en un idioma distinto al mío. Descubrí el increíble mundo del Poundland, el divertido juego del laseg tag, la fina lluvia que moja las ciudades europeas cada día y un largo etcétera. Además, conocimos a un grupo de italianos, de esos de viaje pagado y organizado hasta la médula que imposibilitan cualquier idea de tiempo libre. Hicimos amistad con tres chicas que volvimos a encontrarnos con ellas el año siguiente en Milán. Todo era felicidad y disfrute.

¡Casi se me olvida Syueren! Ruego me disculpe. Por personas como él merece la pena salir de esta confortable España. Resulta que Chen -así le terminamos llamándolo ante la dificultad de su pronunciación- era un joven taiwanés que, después de su periplo por las escuelas militares en su país, decidió aprender inglés para poder trabajar en Europa. Era ingeniero agrónomo. Pasamos mucho tiempo con él. Nos relató la mili, los castigos en las escuelas, pero sobre todo, nos enseñó que un eructo es sinónimo de buena educación ante la estupefacción que causó en nosotros cuando lo hizo de primeras. ¡Cuántas risas provocó!

Por supuesto debo recordar a mis dos amigos: Miki y Carlos. Gracias a ellos fue posible nuestra estancia en esta magnífica ciudad que me dio tan gratos recuerdos.

Ya saben ustedes que acostumbro a darme a la nostalgia. Me gusta evocar viejos recuerdos y hacer como si fuera un octogenario contando su vida. Luego recuerdo que se va a acabar 2017, que todo esto ocurrió hace tres años y sonrío.


Esa sonrisa melancólica simboliza un gracias. Gracias a todos por permitirme ser un nostálgico crónico. 

Comentarios

Entradas populares