YO CONFÍO

Ha vuelto septiembre. Ya se acaba el verano. El chiringuito de al lado de mi casa ha cerrado, por lo que para mí se ha acabado la temporada estival. Vuelven las colchas a las camas, las sudaderas a los torsos y el café caliente ha comenzado a sustituir al aguado granizado. Este verano ha sido raro, pero ha sido verano. El sol ha pegado fuerte, las playas se han llenado, las barriles de cerveza se han vaciado y los espetos han salido.

Pero ya acabó. El pasado, en nuestro cerebro, se queda y hay que afrontar el futuro que, he de reconcerles, que no es nada alentador. Una crisis económica del carajo se viene, la amenaza de los muertos acecha y tenemos a los políticos en sus cuitas tradicionales. La universidad parece que quiere empezar. Dicen que las clases serán al 75%. Auguro tres semanas. Hasta que alguno dé positivo y nos confinen a todos. Contacto directo de positivo, cuarentena obligatoria. Esta es la nueva lógica: la ecuación perfecta de primer grado. A y B han sido sustituidas por positivo y cuarentena, respectivamente.

La verdad es que eso es un problema de futuro. Mañana comienzo los exámenes de septiembre. Romano, Economía de la Empresa y Civil II me esperan. Yo, con ansia, también. Parece que fue ayer cuando empecé con el tema 1 de Civil y ya ha llegado la hora de examinarme. Los afronto confiado, pero con los nervios preceptivos que todo examen me provoca.

Este post es una verbalización por escrito de lo que pienso a las 16:37 del 1 de septiembre de 2020. Para la posteridad lo fecho. Ya he repasado, no quiero mirarlo más. Me voy a la playa, a jugar a vóley. Último día. Cenamos allí. Pizza de oferta y tiempo bueno: nublado sin aire. Espero que todo me respete y me haga desfogarme para mañana empezar fuerte los exámenes. Yo confío. Mañana daremos todo.

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