¿QUÉ DIRÁ CARMEN?

La nueva ocurrencia del nuevo gobierno de la vieja política ha sido el anuncio de la creación de una nueva ley; una ley llamada de Memoria Democrática. Una ley que, como defendió la erudita egabrense Carmen Calvo (harto recomendable leer y escuchar a Santiago González para observar esas virtudes oratorias e intelectuales), pretende juzgar, “hacer justicia”, a las víctimas de la represión franquista. Se olvida, seguro que sin darse cuenta, de que hubo una Transición, unas leyes de Amnistía y una reconciliación entre españoles que se habían matado cuarenta años antes.

                                                                                                            Getty Images

La Transición fue un pacto social rubricado por quienes mandaban en aquel entonces, recordemos que los grandes promotores, así como el primer presidente del gobierno había sido del Movimiento, eran hombres del Régimen. Tan del Régimen como el Rey emérito, célebre a última hora por sus experiencias sicalípticas escandinavas, pero que fue nombrado por Francisco Franco como sucesor a título de Rey. El Rey, por tanto, era también un hombre puesto por Franco.

Resulta que la ley, cuya aprobación se dio por hecha por el ente público, pretende instaurar una memoria colectiva que cuente “realmente”, es decir, como diga Carmen Calvo y el vicepresidente galapagueño, lo que fue la historia y que los niños puedan estudiarlo en las escuelas. La ley es un ucase cuya finalidad es la de imponer, más si se puede, una doctrina a seguir, yugulando cualquier libertad de cátedra, que cuente cómo fue el periodo, quizá, más funesto de nuestra historia.

Así las cosas, parece que los niños de las cuatro generaciones que hemos cursado el bachillerato en estos cuarenta años de democracia hemos estudiado erróneamente. Lo que nos han contado no era verdad, pues no había pasado por el filtro del comisariado político e historiográfico que instaurarán a propósito de esta disposición.

Por otro lado, sorprende, y mucho, la nomenclatura. La memoria, por definición, es el recuerdo personal y subjetivo que poseen las personas sobre un hecho en concreto. La memoria es lo que se pierde cuando padecemos alzheimer. La memoria, por tanto, no puede ser colectiva, pues estaríamos ante una sociedad borreguil que no admite otro pensamiento en disidencia con la verdad oficial. Y ya se sabe: cuando estés del lado de la mayoría es que algo estás haciendo mal.

La ley es liberticida, cercena las libertades básicas de las democracias liberales: la libertad de conciencia, pensamiento y expresión. No permite que haya exégetas de nadie que no sean sus ídolos. ¿Qué dirá la vicepresidenta, la egregia Carmen Calvo Poyato, cuando se entere de que su colega, Pablo Iglesias, ha dado mítines exaltando la compresión tan certera del conflicto que realizó ETA en una charla de herriko taberna o la foto, también de Pablo, con simbología de la URSS, la dictadura del mayor genocidio de Europa?  

En fin, el gobierno tiene alzheimer: pretende acordarse y hacer justicia con las víctimas del Franquismo, pero olvida -bueno, no olvida, sino que exalta a los verdugos- a las víctimas de los 400 asesinatos etarras que están sin juzgar.

No cabe mayor indignidad.

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