EL HOMENAJE DE TODOS LOS AÑOS
Ayer fue 20 de noviembre y, como
todos los años, un grupo de sedicentes falangistas se agolparon en las puertas de
algunas iglesias para, después de la puntual misa, cantar el “Cara al sol” en el
aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco. Algunos,
incluso, se acercaron al otrora Valle de los Caídos, ahora Valle de Cuelgamuros
tras la Ley de Memoria Democrática, para realizar su particular homenaje. La
realidad es que son un grupúsculo que no causa ningún tipo de desorden público.
Sin embargo, esto parece causar mucha
desazón en la prensa de izquierdas que cree que había que prohibirles la reunión
porque “están homenajeando a un dictador y justificando una dictadura”. Creo
que son pertinentes algunas consideraciones.
En primer lugar, históricamente
no son equiparables José Antonio y Franco, por razones bastante obvias en las
que no voy a detenerme demasiado. José Antonio fue fusilado en el año 1936 en
la cárcel de Alicante, por lo que puede ser considerado una víctima de la Guerra
Civil; y Franco, como es de sobra conocido, dictador durante cuarenta años. Por
ello, la equiparación solo puede ser fruto -en el mejor de los casos- de la
ignorancia.
Por otro lado, he visto algunos comentarios
de académicos -catedráticos y profesores titulares- en las que señalan que en España
caben “todas las ideologías «democráticas»”. En mi opinión, sobra el calificativo
“democráticas”, ya que caben todas: ese es el contenido del derecho a la
libertad ideológica. Y, como se puede inferir, se tiene, además, el derecho a
expresar su propia ideología, siempre y cuando no suponga una incitación a la
violencia o constituya un insulto.
En este caso, cantar un himno
durante tres minutos y gritar “presente” cuando se pronuncian los nombres de
los dos homenajeados no constituye, objetivamente, ninguna incitación a la
violencia ni ningún insulto, por lo que, desde mi punto de vista, estaban actuando
al amparo del derecho a libertad ideológica y a la libre expresión. Si, como
consecuencia de la Ley de Memoria Democrática a la que ya dediqué una entrada,
son sancionados, esto supondría una restricción y vulneración de sendos
derechos.
Esta es una de las cuestiones que
deberé abordar en mi tesis: uno de los fundamentos de la democracia es el respeto
a los derechos a la libertad de expresión y a la libertad ideológica; sin ellos,
la propia democracia se desvanece y difumina. Por eso me genera dudas la “democracia
militante”, y son dudas que requerirán un abordaje teórico importante.
Finalmente, me gustaría señalar
que los que califican estos actos como “discurso del odio” (¡sorpresa!) no
dicen nada cuando se manifiestan los grupos de extrema izquierda homenajeando a
Fidel Castro, Lenin o Stalin. También estos actos son manifestaciones de la
libertad ideológica y de la libertad de expresión. Para ellos, el problema,
creo, no está en los hechos, sino en los sujetos.
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