La bicefalia de Vox

 

Vox es bicéfalo, y, como tal monstruo, debe ser corregido. Es incomprensible cómo se puede seguir manteniendo, en un partido nacional con más de cuatro millones de votos, dos posiciones absolutamente contradictorias. Este fin de semana se ha vuelto a demostrar: en una especie de acto/mitin/festival ha realizado Vox su “Viva 22” -organizado, por cierto, por el antiguo secretario general, Ortega Smith.

En el acto de marras han intervenido diversos políticos y dirigentes que se presentan como afines. Entre estos, destacamos a Javier Milei, Trump -hay que ser cateto para invitar a un tipo tan siniestro como el expresidente de EE. UU.-, José Antonio Kast, Meloni, flamante ganadora de las elecciones en Italia, u Orban. Todos estos tienen similitudes, como que representan opciones políticas de extrema derecha, pero no son iguales.

Desde un “anarcoliberal” como Milei hasta un conservador como Orban. ¿Cómo se puede defender un conservadurismo de tinte católico -como el que representa dentro de Vox, p. ej., Lourdes Méndez-Monasterio- y un libertarismo que pretende dejar al individuo aislado? ¿Cómo se puede, por un lado, defender que la nación debe ser preservada, pero, a la vez, abogando por el desprendimiento del individuo de los mecanismos de cohesión social como es el estado?

Estas contradicciones son propias de un partido neófito, de extrarradio. Partido extraparlamentario que necesita, da igual cómo, aglutinar el máximo número de personas para ver si los medios de comunicación le dan algo de cobertura; esto es, propio del Vox que yo conocí allá por el año 2015 cuando se presentó a las elecciones andaluzas con el juez Serrano como candidato y cuyo lema era “somos diferentes, somos la derecha”.

Ahora ya no son ese partido de almoneda. Debe sentar las bases ideológicas claras y, a ser posible, coherentes. Es el paso que debe dar Vox y, cuanto más tarde en darlo, peor será, más votos perderá y mayor será el número de votantes que se decidan por Feijóo, que, además, la coyuntura le favorece, pues en una crisis económica brutal como la que viene los ciudadanos buscan seguridad. Eso es quizá lo que Feijóo proporciona y Vox, no.

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