ORGULLOSO DE TI


No te conocí, pero sé que siempre estarás conmigo. Desde que celebraba los goles santiguándome y mirando al cielo. Desde que cada vez que voy a una iglesia, me preguntó si, algún día, nos volveremos a ver, si algún día te conoceré. No conocerte es el gran fracaso de mi vida. Todo lo que hago, bien o mal, lo hago para que te hubieras sentido orgulloso de ese nieto que tanto querías, que llegó, pero te fuiste sin ni siquiera decirme adiós.

No sé abuelo, no sé qué sería de mí si te hubiera conocido. Todos insisten en que nos parecemos, en que soy la continuación tuya. Cada vez que veía, de pequeño, y veo a esos nietos que pasean con sus abuelos recién salidos del colegio. A esos nietos que se suben a autobús con sus abuelos. A esos nietos que van con sus abuelos al fútbol. Y no decir de esos nietos que van a una corrida de toros con ellos. De esos nietos que pasan horas con sus abuelos. De esos abuelos que plagan el cerebro de consejos a sus nietos. De esos abuelos que asisten, orgullosos, felices y contentos, a la graduación de sus nietos.

Jamás conocí esa sensación, pero siempre la he imaginado y añorado. No hay nada peor que añorar lo que nunca jamás sucedió, dice Sabina. Le creo. Me pasa en no pocas ocasiones. Pocas personas lo saben, pero hubiera dado muchas cosas por ir contigo una tarde a la plaza de toros de Alicante y ver una corrida; que me transmitieras tus conocimientos causados por las canas; que te diera los míos causados por las lecturas. Estás presente en mi mesilla de noche, en mi mochila los días de exámenes, en mi mente todos los días. Tu mujer, después de diecinueve años viuda, te sigue recordando. Te sigue llamando Pepe. Te reza todas las noches el rosario correspondiente. Habla de ti como lo que eras: una buena persona.

Tu hijo, que es mi padre, intenta no recordarte. No hablamos mucho de ti, pero sonríe con esa sonrisa, que tanto conozco, cuando ve tu foto en mi mochila. Tus nietos no te conocimos, pero en fotos siempre te nos apareces. Hay una, especialmente esa, que me tienes en tus piernas. Era mi primer cumpleaños -hace diecinueve años de eso-. Me sostienes con esas manos temblorosas culpa del Parkinson que tanto daño te hizo, que tan inútil te hizo sentir. Sales con esas gafas de culo de botella sonriendo, feliz de, como tú decías, un varón que siguiera con el apellido. Todo está al alcance de mi mano, menos conocerte a ti. Todo, con esa valentía y temeridad que confieren los veinte, me parece alcanzable, menos hablar contigo.

Cada vez que voy a verte al cementerio se me saltan las lágrimas, igual que corre una por mis mejillas mientras tecleo esto. Sigo siendo creyente por ti. Por no perder ese halo de esperanza que hace que, cada día durante un minuto, me atreva a pensar que nos volveremos a ver. Cada uno con un montón de años, canas y arrugas, pero con la misma ilusión que tenías en la foto que tengo en mi memoria.

Sobre ti se han dicho muchas cosas. Ninguna ha sido mala. Mi madre, tu nuera, siempre repite que ante todo eras una buena persona. Una persona que fue capaz de estar con su cuñado hasta el día de su muerte, aun no teniendo consanguinidad ninguna. Aquél que jamás provocaste una pelea. Aquél que fumaba a escondidas del estraperlista de su padre. Aquél que dejó Jaén para parar en Barcelona, tener dos hijos y seguir hasta Elche. Aquél que con su sueldo logró sacar a cuatro hijos adelante. Aquél que compró los terrenos de campo y se construyó la casa que tantos días he ido luego. Aquél que se echaba las partidas de dominó en el bar Espinosa -también cerró-. Aquél que entró a las pruebas hablando y salió en coma, pero seguía apretando las manos.

Sólo sé lo que me han ido diciendo de ti, de cómo eras, de cómo actuabas. Quizá por eso te he idealizado como hacían los juglares con esas damas que cortejaban. Escribo estas líneas para el desahogo, para tranquilizarme después de este día lleno de convulsiones, malas noticias y decepciones. Tal vez sea solo una imaginación, pero sé que, si me vieses, estarías orgulloso de mí como yo estoy de ti.

Comentarios

Entradas populares