MERECÍA UN GESTO
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| Comprobando el frío madrileño. |
Subí al Hyundai que me llevaba hacia
Méndez Álvaro y fluyó. La conversación con Enrique empezó a darse. Le pregunté
por el conflicto que tenían con los taxistas. Me respondió amablemente. Tuvo gestos
de cortesía que jamás había visto. Me bajé agradecido por el buen trato que
recibí -lo que debería ser la tónica habitual se convierte en novedad- y marché.
Todo esto ya lo conté con más detalles en la primera entrada de este (frugal)
blog. Mientras esperaba la salida de mi autobús le dije a mi amigo, era el que
había puesto su nombre en Uber, que le comentase al perfil de Enrique de forma
muy benevolente.
Una vez subido al bus, pensé que
ese hombre merecía, por lo menos, un gesto de mi parte. Un gesto que no iba a
llegar, pero lo merecía. No sabía de qué forma hasta que cogí el móvil y, ante
la imposibilidad de hablar con nadie ya que eran las dos de la madrugada y
viajaba solo, me puse a escribir.
Realmente no sabía qué iba a
hacer con eso que se iba almacenando como nota en mi teléfono. Llegué a casa
sin aún saber el destino que iba a tener ese escrito. Al acostarme a dormir, le
di vueltas mientras intentaba conciliar el sueño. Al día siguiente, le comenté
a mi por entonces novia que iba a crear un blog. Ella, como siempre, me animó.
Lo creé de la forma más básica posible y rudimentaria -para la informática soy
un completo inútil-.
Posteriormente, ella me ayudó a
darle la forma y el diseño que tiene ahora, lo que merece un agradecimiento por
lo que supongo no debe ser tarea ligera.
Así fue el proceso de creación de
esto que se llama conversaciones en
profundidad. Sé que suena altivo y pedante, pero a veces hay que aportar un
poco de hipocresía a la vida. En fin, será que somos humanos.

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