MERECÍA UN GESTO

Comprobando el frío madrileño.
Hace más de un año que arrancó esto. Todo fue improvisado. Un amigo y yo decidimos irnos a Madrid cuyo objeto no merece ser reseñado porque no se hizo. Ese mismo día que llegamos a las tres de la tarde, me marchaba. El plan se fastidió y no quería seguir alargando la estancia inútil en Madrid. Hacía tiempo que quería probar las nuevas aplicaciones de coche con conductor. Me decanté por Uber. Registramos la tarjeta y pedí uno. Estaba nervioso, esos nervios antes de hacer algo que llevas tiempo pensando. Tiendo a admirar a la gente que innova y emprende. El emprendedor es como el torero: un héroe al que la masa no aprecia su valor real.

Subí al Hyundai que me llevaba hacia Méndez Álvaro y fluyó. La conversación con Enrique empezó a darse. Le pregunté por el conflicto que tenían con los taxistas. Me respondió amablemente. Tuvo gestos de cortesía que jamás había visto. Me bajé agradecido por el buen trato que recibí -lo que debería ser la tónica habitual se convierte en novedad- y marché. Todo esto ya lo conté con más detalles en la primera entrada de este (frugal) blog. Mientras esperaba la salida de mi autobús le dije a mi amigo, era el que había puesto su nombre en Uber, que le comentase al perfil de Enrique de forma muy benevolente.

Una vez subido al bus, pensé que ese hombre merecía, por lo menos, un gesto de mi parte. Un gesto que no iba a llegar, pero lo merecía. No sabía de qué forma hasta que cogí el móvil y, ante la imposibilidad de hablar con nadie ya que eran las dos de la madrugada y viajaba solo, me puse a escribir.

Realmente no sabía qué iba a hacer con eso que se iba almacenando como nota en mi teléfono. Llegué a casa sin aún saber el destino que iba a tener ese escrito. Al acostarme a dormir, le di vueltas mientras intentaba conciliar el sueño. Al día siguiente, le comenté a mi por entonces novia que iba a crear un blog. Ella, como siempre, me animó. Lo creé de la forma más básica posible y rudimentaria -para la informática soy un completo inútil-.

Posteriormente, ella me ayudó a darle la forma y el diseño que tiene ahora, lo que merece un agradecimiento por lo que supongo no debe ser tarea ligera.


Así fue el proceso de creación de esto que se llama conversaciones en profundidad. Sé que suena altivo y pedante, pero a veces hay que aportar un poco de hipocresía a la vida. En fin, será que somos humanos.





















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