LA CACERÍA POR EL BESO
He estado pensando sobre el famoso asunto. Antes de nada, he
de decir que Rubiales me parece un patán, un macarra de los que retrata Iñaki
Domínguez en sus dos recientes libros, un tipo soez y vulgar que debió dimitir
cuando salieron a la luz las informaciones acerca de los negocios a medias entre
Piqué, futbolista por entonces en activo, y él para celebrar la Supercopa de
España en Arabia Saudí, ese paraíso de libertad para las mujeres. Dicho lo
anterior, me parece que lo sucedido a propósito del beso que este le dio a Jenni
Hermoso puede ser calificado como una cacería. Sí, una cacería y un linchamiento
indecente.
Cuando se produjo el beso y comenzaron los comentarios
acerca del mismo, la propia jugadora, Jenni Hermoso, lo comentaba en tono
jocoso en el vestuario, como prueba un vídeo en el que sale riéndose de la
actuación del Presidente de la Federación. En aquellos instantes también fue
preguntado su hermano y lo calificó como «una anécdota». A mayor abundamiento,
ayer se filtró un vídeo que muestra cómo las veintitrés jugadoras estaban bromeando
acerca del beso en el autobús que las llevaba al hotel después del partido; en
concreto, se ve cómo Jenni Hermoso muestra en su móvil un meme del beso y,
cuando entra Rubiales al autobús, esta le pide otro beso. Es decir, en los
primeros instantes, tanto la principal afectada como el resto de compañeras, no
mostraron rechazo alguno acerca del hecho.
Sin embargo, mientras que la principal afectada y su familia
mostraban una actitud festiva acerca del suceso, las redes sociales, los
políticos y la opinión publicada -que no pública, conviene distinguir-
comenzaron a hablar de «agresión sexual»; incluso Irene Montero, la autora de
la ley sólo sí es sí, que es el mejor regalo para violadores y pederastas que
se ha hecho nunca en España, se jactó de que con su ley el acto estaba tipificado
en el Código Penal con penas entre uno y cuatro años de prisión. Al carro se
han subido todos los periodistas, que en su mayoría son de izquierdas o aparentan
serlo para que les sigan contratando, y el resto de políticos, incluido el PP,
que siempre está para aderezar cualquier guiso que la izquierda elabore. La
condena parece haber sido impuesta.
En mi opinión, lo que
se ha producido es un fenómeno que podríamos calificar como «victimización
impuesta», consistente en que una persona acabe sintiéndose víctima, aunque al
principio y sin influencias externas ella no lo sintiera así, a base de tratarla
machaconamente como tal. La condición de ofendida y agredida no ha nacido de
ella, sino que es una imposición por imperativo social de quienes, en realidad,
utilizan este hecho como pretexto para la lucha de clanes en el mundo más podrido
que existe: el fútbol profesional. Si realmente fuera la lucha contra el
patriarcado, ese sistema atávico y opresor con la mujer, el principal objetivo,
todos los que han salido escandalizados por el beso estarían clamando cuando,
entre otras cosas, los principales eventos deportivos se están celebrando en países
como Qatar o Emiratos Árabes Unidos donde el adulterio, siempre que lo comenta
la mujer, está penado en sus códigos penales con la pena de lapidación. Ante
esto, callan todos. Y todas.
Pero el asunto no queda aquí, pues parece que la sedicente
víctima de la agresión perpetrada por el macarra con aspecto de matón albanokosovar,
que es lo que es Rubiales, no ha tenido tiempo para acercarse a una comisaria o
a un juzgado a interponer una denuncia o querella, respectivamente. Hoy,
treinta de agosto, hace dos días que la Fiscalía abrió diligencias y la conminó
a interponerla, pero desconocemos el porqué de su negativa. Dicen que Jenni
está en Ibiza celebrando la gran victoria conseguida, y me alegro mucho por
ella, mas no parece decente presentarte como víctima pero no actuar en
consecuencia.
El sainete llegó a su punto álgido cuando la madre de
Rubiales decidió encerrarse en una iglesia de la localidad granadina de Motril y
declararse en huelga de hambre hasta que «Jenni Hermoso diga toda la verdad». De
momento, y a día de hoy, sigue allí.
El mejor columnista actual, José García Domínguez, ha
escrito varias columnas sobre el asunto, pero quizá lo más destacable ha sido
este tuit, que suscribo en su totalidad: «España está llena de liberales que
presumen de serlo a todas horas. Pero cuando toca defender en público los
valores liberales frente a la turba histérica, nos quedamos solos los de
siempre». Creo que es honrado decir lo que uno piensa y esta entrada, que creo
a contracorriente, era necesaria.
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