LA NACIÓN AL BORDE DEL PRECIPICIO
El resultado electoral ha sido trágico. Muy trágico. Tras la
rotunda victoria del Partido Popular en las elecciones municipales y autonómicas
del 28M, todo parecía apuntar que en las generales convocadas por Pedro Sánchez hoy,
23 de julio, la tónica iba a repetirse y Feijóo podría proclamarse presidente del
Gobierno de España. Todas las encuestas así lo vaticinaban a lo largo de la
campaña, aunque es cierto que esta última semana las expectativas se iban
rebajando. El rifirrafe en La 1 a cuenta del dato erróneo de las pensiones que y
la polémica prefabricada acerca de su relación con Marcial Dorado, que no por cutre
ha resultado inútil, exaltadas por parte de los medios -casi todos- afines al
PSOE, creo que han lastrado demasiado. Aun así, sinceramente, no me esperaba
este resultado que, a mi juicio, socava la esperanza de una alternativa a Sánchez.
No deja de ser sorprendente que un gobierno tan absolutamente nefasto para los
intereses generales haya podido resistir e, incluso, acabar la noche con
posibilidad de reeditarse.
Sin embargo, no deja de ser desolador comprobar cómo el PSOE
está absolutamente entregado al nacionalismo. Arrodillado, diría. Ya se da por hecho
que EH Bildu, partido filoterrorista e independentista, y ERC, cuyo líder fue
condenado por dar un golpe de Estado e indultado por el propio Sánchez, van
a apoyar la investidura de Sánchez. Supongo que pedirán algo más: probablemente,
el referéndum. Es decir, los socios directos del Gobierno son partidos que no
creen en el propio país que se pretende gobernar. Pero esto no es todo: Junts pel Cat, partido cuyo líder es un
tipo llamado Carles Puigdemont, que se encuentra prófugo de la Justicia española
por dar el golpe de Estado al alimón con Junqueras, tiene en su mano darle el billete
a la Moncloa a Sánchez o forzar unas nuevas elecciones. También pulula por aquí
el BNG, los nacionalistas gallegos. La conclusión es lógica: Sánchez debe conseguir
el apoyo de TODO el independentismo para poder seguir gobernando. Como he dicho
ya: es desolador. No sé si la Nación puede aguantar intacta cuatro años más de
sanchismo salpimentado con abundante independentismo.
Los españoles hemos votado y este es el resultado. Los que
creemos en la democracia debemos aceptarlo y pensar que, con algo de suerte y
si la Providencia se apiada de nosotros, habrá repetición electoral y veremos
qué pasa. Mi otrora profesor y ahora amigo Antonio Miñón cree que la repetición
es la posibilidad más factible y que, en ese contexto, Feijóo gobernará. Tengo
serias dudas, honestamente. En fin, una vez más el PSOE consigue encandilar a
millones de españoles que les compran la mercancía averiada del miedo a Vox y
del “túnel tenebroso”.
P. D. El baile de Feijóo que estoy viendo ahora mismo en el balcón de Génova es un insulto a los votantes que vislumbramos un panorama desalentador. Debería salir preocupado porque, aun ganando en votos y escaños, puede ser jefe de la oposición cuatro años, que son muchos.
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