LAS MEDIDAS DEL GOBIERNO CASTELLANOLEONÉS

El Gobierno regional castellanoleonés anunció esta semana una serie de medidas tendentes a «garantizar el derecho a la vida» y «favorecer la natalidad». De todas las medidas, las que han causado mayor revuelo son dos: la realización de ecografías en 4D y el ofrecimiento u obligación a las madres a escuchar el latido fetal cuando decidan abortar. Ofrecimiento u obligación porque, en un primer momento, indicó el vicepresidente de la Junta, García-Gallardo, que iba a aprobarse como obligación, pero prestamente fue rectificado por el Partido Popular señalando que consistiría solamente en un ofrecimiento. Una de las cosas más difíciles de saber es qué piensa el PP acerca del aborto: por un lado, recurrieron al TC la ley del aborto aprobada por el Gobierno de Zapatero; por otro lado, no la derogó cuando pudo. Por un lado, aprueba con Vox en Castilla y León informar mejor a las mujeres; por otro, sale ayer a decir que discrepa de eso. Feijóo, a quien hace una semana iba a votar y hoy ya no lo sé -lo de recuperar a Sémper me parece un error mayúsculo-, como buen gallego, cuando es preguntado sobre este asunto habla mucho pero no dice nada. Como dice Federico, el PP haciendo «marianadas» emulando a su último gran presidente, Rajoy -la presidencia de Casado fue cómica.

Àngels Barceló, en su editorial del viernes, calificó de «sadismo» las medidas aprobadas y la izquierda en masa ha salido a vindicar el dizque «derecho al aborto». Sobre esto me gustaría realizar una serie de acotaciones. En primer lugar, el derecho es a la vida, no al aborto. El aborto debe entenderse como una excepción del derecho a la vida. El aborto es, en el mejor de los casos, un impedimento al desarrollo de la vida, la cual una parte de ella se desarrolla en el seno materno. Así entendidas las cosas, la medida propuesta por el Gobierno de Castilla y León me parece bastante adecuada, ya que supone una posibilidad que tiene la madre de escuchar el latido de la vida que está gestando. Este latido fetal permite algo que va contracorriente: ver la realidad tal como es. Uno de los males endémicos actuales es la ignorancia deliberada convertida en asidero. ¿Qué tiene de malo que una mujer escuche el latido del embrión alojado en su cuerpo? Aducen que eso coaccionará a las mujeres, pero a esto habría que responder preguntando: ¿la realidad coacciona? ¿Conocer la verdad es un atentado contra la libertad? Quizá contra la libertad mal entendida, la libertad de los modernos, aquella que la entiende como campo de acción ilimitado, omnímodo, sin ataduras ni contexto. Esa es a libertad que les posibilita hablar de «derecho al aborto», pues, para ellos, la vida debe ser libertinaje, actuación sin consecuencias, acción sin responsabilidad. Lo vio muy bien Jesús Ballesteros en uno de los libros clave para entender el contexto actual: Postmodernidad: decadencia o resistencia.

Prosigo preguntando: ¿qué derecho se ve lesionado cuando se permite a la madre escuchar y ver al embrión? ¿Qué acción sádica es aquella que pretende que las mujeres vean la realidad y pueda tomar la decisión conociendo el estado físico del embrión? Patxi López lo ha calificado de «violencia machista». Es normal, para Patxi aquello que no entiende y que le dicen que es incorrecto es violencia machista, racismo o fascismo. Eso sí es un buen portavoz.

En definitiva, valoro muy positivamente las medidas y reivindico, una vez más, la necesidad de acabar con los dichosos «consensos», que no son más que una verdadera mordaza. El aborto es un tema que sigue muy vivo, como debe ser.

 


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