AÑO 2022

 

Hace un tiempo quería escribir esta entrada, pero no había encontrado el momento para realizarlo. Hace menos de un mes que firmé el primer contrato por el que me convertí en profesor universitario. Un contrato temporal, de cuatro meses, pero que me hace sentirme profundamente orgulloso. Cuando vi que en la página web de mi universidad, donde tantas veces había entrado para buscar datos de contacto de mis profesores, figuraba mi nombre me costó asimilarlo. De igual forma, cuando, por primera vez, colgué un anuncio en el campus virtual poniendo una práctica. Tantas veces había pensado, mientras era estudiante, en cómo sería la sensación de ponerse al otro lado de la tarima, que cuando lo hice no me di cuenta realmente de lo que estaba pasando.

En mi caso, además, había un dato particular: la primera clase la di en la misma aula en la que yo la recibía hace tres años. La docencia me gusta, es una sensación verdaderamente gratificante ver cómo lo que explicas, el contenido, penetra y es asimilado por los estudiantes -algunos, incluso, sonríen al darse cuenta de que lo han entendido. La docencia permite proyectarse, expandirse; y la investigación permite mejorar, crecer, cultivarse. Son las dos caras de la vida intelectual: el aprendizaje y la transmisión de lo aprendido.

La realidad es que el año que ya no es, 2022, ha sido un año tremendamente positivo, donde terminé mi segundo grado, inicié unas oposiciones, dejé las oposiciones, comencé a formarme para doctorarme, me matriculé de un máster, he publicado mi primer capítulo y, en los estertores, he dado mi primera clase. En fin, esta es una entrada bastante personal, pero que creo que es necesaria, especialmente para poder volver a ella en el futuro.

Comienza un nuevo año que será también importante, esperemos que de resultados parecidos.

Comentarios

Entradas populares