Indulto a Griñán
Escribo estas páginas con la indignación en un nivel alto. José
Antonio Griñán, expresidente de la Junta de Andalucía y distinguido líder del
PSOE, fue condenado por el TS a seis años de prisión por el caso ERE. Griñán, según
el fallo, fue el encubridor de una red que manejaba fondos públicos saltándose cualquier
regla básica de control presupuestario. Más de seiscientos millones de euros
fueron malversados.
La Justicia considera que es culpable, por lo que le
condenó. Más allá de los pormenores del caso en particular quisiera dedicar esta
entrada a lo que, para mí, es una auténtica vergüenza. El Gobierno, ya asiduo
en usar la medida de gracia -el indulto- para con los políticos que dieron el
Golpe de Estado en Cataluña, desde que se conoció la sentencia se mostró favorable
a volver hacer uso de dicha prerrogativa para evitar que su dirigente, y
baluarte durante bastantes años, tenga, como cualquier ciudadano, que entrar en
prisión cuando al Justicia lo dictamina.
El indulto debe ser suprimido por salud democrática. Si nos
creemos la democracia en serio, y entendemos que uno de los elementos básicos
es la separación de poderes, no se puede concebir cómo el Ejecutivo puede
anular decisiones del Judicial. Es inconcebible, más si cabe cuando se utiliza
para fines absolutamente de conveniencia política.
Resulta que el Legislativa crea las leyes, el Ejecutivo vela
por su cumplimiento mediante su ejecución y el Judicial, que debe de sancionar
a aquellos ciudadanos que las incumplen, cuando juzga y sentencia, el Ejecutivo,
arbitrariamente, decide dejar sin efecto los fallos. Pero, hete aquí, que el
bochorno no acaba aquí.
Se ha firmado un manifiesto, que lleva, actualmente, más de
cuatro mil firmantes para solicitar que se otorgue la medida de gracia. Entre
ellos, se encuentran los ya clásicos hacedores contra la Justicia, los políticos
independentistas; José Luis Rodríguez Zapatero -no hay salsa sin su perejil-;
los representantes de la Cultura -debería ser con ‘K’-, Sabina, Miguel Ríos,
Victor Manuel, Ana Balén (me faltan los Bardem y Fernando Trueba, para que la
colla sea entera); Vicente del Bosque, nombrado Marqués por ser el entrenador
que nos llevó a poner la estrella en el pecho de la camiseta de fútbol y José
Luis Garci. Este último me ha llenado de estupor.
Soy muy de Garci. Le veo en Classics, su programa en Trece;
le escucho en la sección de boxeo en Cope, “El campo del gas”; he visto sus
grandes películas (todos los cracks). Creía que era una persona íntegra, que
entendía en qué consistía la democracia, pero resulta que no. De los demás no
esperaba nada, mas de alguien que admiras resulta difícil digerirlo.
En fin, mi buen amigo y antiguo profesor, Juanjo Lara,
director de la Biblioteca Regional de Murcia me ha invitado a una jornada que
va a dar Garci. Como estoy en contra de lo que se ha llamado “cultura de la
cancelación”, iré a escucharle departir, como no puede ser de otra manera, pero
se me ha caído un mito a nivel personal.
P.D. Escribo lo que ahora viene en un momento posterior a la entrada primera. Ha firmado la petición Fernando Savater. Yo no me lo creo. España tiene una profunda crisis. No puede no ser pesimista. Que alguien como Savater se haya unido a un atropello democrático como esto me parece inaudito. Inenarrable. Qué pena.
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