LA NUEVA PRÁCTICA IMPORTADA DE EE.UU.

 

Parece ser que hay una práctica importada de EE.UU consistente en drogar, mediante un pinchazo en el muslo, a chicas que se encuentren en una discoteca. Este narcótico, de efecto inmediato, las deja inconscientes requiriendo intervención médica urgente.

En Elche, la semana pasada se registración los primeros casos. En discotecas diferentes, misma práctica. Mi novia me ha pasado la noticia y nos hemos puesto a comentarla preocupados, especialmente porque las fiestas patronales de Elche comienzan la semana que viene.

Hasta ahora era muy común el consejo de tapar el vaso con la palma de la mano para evitar que alguien echara algo dentro -concretamente, escopolamina, conocida vulgarmente como “burundanga”. Estas acciones siempre tienen un fin: anular la capacidad cognitiva de la víctima para proceder a agredirla sexualmente. Ahora ya no vale este consejo porque la inyección es directamente en el cuerpo de la víctima, sin necesidad de hacer uso de su bebida como medio.

Esto entraña, obviamente, una amenaza para la semana que viene. Suele señalar el juez Emilio Calatayud que las fiestas patronales son botellones institucionalizados, donde se permite que jóvenes -yo diría niños porque con 12 años se es niño- consuman en vía pública bebidas alcohólicas sin miramiento. Estos botellones son reuniones de una cantidad ingente de personas en poco espacio y esto, desgraciadamente, es el caldo de cultivo perfecto para que esta nueva práctica se extienda con suma facilidad.

Ante esta circunstancia, le argumentaba a mi novia los dos escenarios que vislumbro con una premisa clara: la acción es lo verdaderamente sancionable.

a)    Ir a las fiestas aun sabiendo que puede ocurrir. El argumento empleado por ella era «nadie debe dejar de hacer lo que quiere porque haya energúmenos que puedan causarle el mal»

b)    No ir a las fiestas. Quedarte en casa por miedo a que te ocurra.

Yo no lo tengo claro. Lo que sí sé es que soy más propenso a creer que se debe no acercarse en demasía al núcleo de concentración. ¿Por qué creo que, a pesar de que el desvalor se encuentra en la acción del otro, uno debe retraerse de hacer lo que quiere hacer, es decir, juntarse en el meollo? Porque vivimos en un mundo real, no ideal.

La vida se vive en un plano de realidad, donde los hechos ocurren al margen de la voluntad de uno. Nadie niega que robar esté mal y deba ser perseguido, pero uno debe ser lo suficientemente prudente para saber que no se puede ir por determinados lugares solo a las tres de la madrugada exhibiendo oro. De igual manera, nadie niega que matar sea, quizá, el mayor acto inicuo que se puede cometer, pero cualquiera que tenga a la prudencia como máxima de sus acciones se pasea por el barrio porteño de Barracas con un coche de alta gama.

En definitiva, el foco tiene que ser la acción que provoca el daño (los pinchazos en este caso y el castigo de sus autores), pero no debemos olvidar que un buen uso de la prudencia es lo que en muchas ocasiones puede salvarnos de tener que sufrir las consecuencias de execrables actos.

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