NO SE RESISTEN A SER HÉROES


He de reconocer, de entrada y con ánimo de ser honesto en algo, que soy un neófito en el boxeo. Nunca le di demasiada importancia a este deporte. Siempre fui, propio de mi generación, un chico de fútbol. La patria es la infancia, decía Rilke.

Posteriormente, hice algunas incursiones por el baloncesto del que salí airado, como los jóvenes de Loquillo, y airoso. Se ha producido una rara similitud con el ciclismo. Me aficioné al ciclismo por mi padre, porque él ponía en esos veranos calurosos, en la televisión de su cuarto, las etapas. Era la época dorada de Lance Armstrong que, aunque luego supiéramos que echó mano de la química, siempre será un campeón. La raza no se puede dopar. También al boxeo me he aficionado por mi padre.

Frazier vs Ali, 'The Thrilla in Manila' / BoxeoPlus

Como les iba diciendo, soy aficionado al boxeo desde hace pocos meses. Desde la pelea de Kiko Martínez, el campeón ilicitano, en Londres contra Zelfa Barrett. Esa en la que los jueces le maltrataron como si no fuera un ex campeón mundial. La ignominia fue tal que sentí curiosidad por el deporte. Vi cómo un hombre, con un hematoma considerable en el ojo derecho, estaba erguido frente a la adversidad. En Londres. Y hablaba, exhortaba la revancha. Creo que la tendrá. Espero que la gane.

Cuando vi aquello supe que tenía que saber más del “noble arte”. Comencé a seguir a Gonzalo Rodríguez, Jorge Lera, Jaime Ugarte, Emilio Marquiegui, Álvaro Carrera y tantos otros entendidos. Desde entonces, todas las veladas las he seguido. DAZN ha contribuido, claro.

La riqueza del boxeo, querido lector, consiste fundamentalmente en que es un deporte de héroes. Y eso no siempre se puede decir. Los chavales quieren ser Messi o Cristiano, pero desconocen quién es Javi Castillejo. El boxeo no tiene cabida en nuestra sociedad. Es demasiado violento para aquellos que desean la juventud perenne. Ocurre como con los toros. El hombre democrático no puede ser aficionado taurino. ¿Cómo vamos a enseñarle a un niño que la muerte forma parte de la vida, que la tenemos en el hombre como el pirata al loro?

Fui descubriendo que un upper es un gancho. También que los hook directos a la línea de la flotación son terribles. Cómo los lanzaba Fraizer, cómo los aguantaba Ali. Un hombre sube al ring, tiene enfrente a su oponente que solo piensa en cómo narices arrancarle la cabeza. Esa rabia se plasma en el combate. La saliva se coyunta con el sudor. El corazón a mil. La grada enfervorecida, como la cubierta de Leganés con el Lince de Parla. La sangre brota. Los cortes en las cejas son el pan de cada día. Pero cuando suena la campana del último round los luchadores se funden en un abrazo. Se elevan unos a otros. Acuden a las esquinas contrarias y muestran respeto por el entrenador rival. Vean ustedes 'The Thrilla in Manila'. Si después de verlo siguen sin aficionarse al noble arte, considérense insensatos.

También descubrí que, como decía Gistau, es muy raro que un ministro acabe boxeando. Porque el boxeo es un producto denostado, callejero, de extrarradio. Donde los chavales, trasconejados con el paso de la vida, encuentran acomodo. Ven que su vida no tiene por qué ser un compendio de drogas y angustia por que no corten la luz. Se dan cuenta de que pueden tener una ilusión, un objetivo por el que pelear. Porque puede ir a pelear al Madison Square Garden, porque pueden ir a Las Vegas y embolsarse miles de dólares. El boxeo les ofrece una alternativa mientras los políticos, que tanto los mentan, los vituperan. Esa es la historia, entre muchos, de Ardy Rodríguez, el “duende burlón”.

No quisiera dejar de mencionar a Miriam, 'La Reina', Gutiérrez. La peleadora que ha luchado, hace meses, por los cuatro cinturones del mundo. Esa que es madre, boxeadora y jardinera, pero que también concejala. Una otrora víctima de violencia de género. Que huyó de todos durante un tiempo, mas volvió a “La Escuela”, donde Jero García -sí, el Hermano Mayor- le seguía guardando un hueco no sólo en el ring.

Ciclismo, toros y boxeo guardan la misma relación: son minoritarios, son despreciados por la progresía contemporánea pero subsisten, al menos en España, porque hay personas que todavía no se resisten a soñar con ser héroes.

 

Comentarios

Entradas populares