LA CONCIENCIA YA PARA OTRA COSA
No quería escribir nada de la moción de ayer, pero, queridos amigos, las circunstancias no me lo ponen fácil. Estaba ayer viendo la moción de censura mientras estaba en casa. No le estaba prestando demasiada atención hasta que vi que subía Pablo Casado al estrado. Era, quizá, el momento más interesante a priori de la jornada. Casado había ocultado el sentido del voto de su partido -ya saben, aquí hay obediencia ciega al partido, la conciencia ya para otra cosa-. Literalmente, nadie, salvo Teodoro y Cuca, Duquesa de Victoria en palabras del otrora director heroico de El Mundo, sabían qué iba a hacer Casado.
EFE/Mariscal
Salió y usó su media hora para arremeter contra Vox. Alguien dirá: claro, es normal, la moción es constructiva y, por ello, el objetivo es construir un gobierno para echar al presente. Sí, el argumento es válido, pero no hay que olvidar que la moción va acompañada del envés: la censura. La moción se presenta, también, para censurar a un gobierno que, precisamente Casado y su partido, llevan criticando meses.
Empezó el juego: “hasta aquí
hemos llegado”, “no les gustamos ni ustedes a nosotros”, “no queremos ser como usted”,
“pisotea el tributo de sangre que este partido ha pagado por España”. Sí,
alucinen, Casado diciéndole a Abascal que pisotea el tributo de sangre que el
PP ha pagado, o sea Abascal se pisotea a sí mismo y a su padre.
Anunció su no a la moción, su
partido publicó el hashtag “#SiaEspañaNoaVox” y, ale, vítores. El torero ha
cortado el rabo, tiradle flores. La bancada se ponía en pie, todos de acuerdo
con hacer lo que no sabían que tenían que hacer hasta hacía media hora, pero
era unanimidad. Todos estaban conformes. Lo triste es que hubiera habido unanimidad
también si hubiera apostado por el ‘sí’ o por la ‘abstención’. El mundo
político es así: ser parlamentario consiste en babear cuando habla el líder y
seguir fielmente, cual can, el rumbo que la dirección marca. Casado prohibió el
voto a conciencia, cabría preguntarse ¿qué conciencia?
Abascal salió a la tribuna a
la réplica y, sorprendentemente porque Abascal no es el mejor orador, acertó:
no sacó la testosterona habitual, sino que se limitó a decir que si Casado
renuncia a agrupar a la derecha, tendrá que hacerlo él; además de asegurar que
en Murcia, Madrid y Andalucía no romperá los gobierno que apoya. Sí, han leído
bien, apoya porque sin Vox, ni Ayuso ni Moreno Bonilla ni López Miras serían
presidentes. De hecho, en Madrid, Ayuso gobierna más por Vox que por su
vicepresidente, Aguado, que quiere suceder a Gabilondo.
Luego salió Pablo Iglesias a adornar
el muñeco: ahueca la voz, cita a tres pensadores y ya piensa que nos engaña. Pablo
Iglesias siguió lo que ya se había iniciado en Twitter: felicitaron a Casado
por su discurso, aguántame la copa que yo no puedo, Ignacio Escolar, Pablo
Iglesias, Adriana Lastra, Iñaki López y toda la cohorte mediática que puebla El
Mundo. Bustos hasta lo comparaba con Arrimadas.
Lo triste para Pablo es que lo
felicitaron quienes jamás lo votaron, ni lo votan, ni lo votarán. Lo decepcionante
para el PP no ya haber roto con el partido al que necesitan para gobernar, sino
haber caído la trampa de los que continuamente atacan al PP.
La semana próxima se debatirá
la reprobación de Iglesias en el Congreso, ¿cómo va a votar Casado para reprobar
a un ministro de un gobierno al que ayer, en una moción de censura, votó a
favor de su continuidad?
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