PONEDLO EN CUARENTENA

Agosto. Plena ola de calor. 41 grados marcaba el mercurio. En este verano atípico, Covid mediante, la temperatura nos reconforta con las ciencias naturales: en verano hace calor y en invierno, frío. Esto, que parece evidente, no lo era tanto, pues en el bombardeo informativo al que nos están sometiendo cada vez es más frecuente los términos ‘Nueva normalidad’, ‘distancia social’, ‘crisis sin precedentes’ y un largo etcétera. No sé si es cosa de ahora, pero los periodistas haciendo seguidismo ciego de los políticos se empecinan en acuñar expresiones del todo inútiles y vacuas.


Parece que todo lo que nos pasa es nuevo y, perdonen la sinceridad, pero no. Nada es nuevo. Vivimos en un ciclo constante. Hasta un adolescente en plena revolución hormonal que estudie letras -sí, los que somos de letras solo podemos imaginarnos como estudiantes de letras- te podría decir que la economía capitalista es cíclica; al menos, te dirá, eso dice el profesor de Economía. Todo vuelve al mismo lugar de siempre. No hay nada de cambio en lo mismo de siempre.

La pandemia de la Covid-19, que tanto nos ha afectado, es una pandemia más de las múltiples que han asolado la tierra. Hace justo un siglo se iniciaba la gripe española, ya sabemos que la leyenda negra también está hasta en cuestiones sanitarias. Josep Pla, en su Cuaderno Gris (confieso que no lo he terminado: lo he abandonado como se abandonan los zapatos viejos, que diría el genio jienense), ya describe cómo era la vida durante la gripe, pues él era un simple estudiante de Derecho cuando ocurrió.

Lo normal, en este tiempo, es lo extraordinario. Estamos hartos de oír en los telediarios cuando un fenómeno atmosférico ocurre que eso no pasaba desde XXX. Sí, sé que a ustedes que leen este blog -les presupongo un mínimo de inteligencia- ya han visto el oxímoron: no puede haber cambio si lo que nos narran como indicio de ese cambio ya ocurrió hace cien años. No pasa nada, en tiempos de posverdad, véase mentira, los ciudadanos nos embaulamos todas las tontadas que suelta un señor en traje con aspecto de inspector de Hacienda y les damos presunción de veracidad. Luego, cuando uno ve los currículums de los redactores de los programas dan ganas de salir corriendo. Meros graduados, algunos en universidades privadas (se ve que les fue tan bien la selectividad que no les dio para alcanzar una universidad pública) y un máster jugoso en la propia cadena, son los rastreadores de la noticia; no pasa nada, tranquilos, que el doble chequeo lo realiza Ana Pastor y su albañal Newtral.

En definitiva, lo que quería decir con esta entrada, ya ven que un tanto vehemente (así me he despertado hoy), solo era para decir que sí, queridos amigos, que nada es nuevo bajo el Sol, que el virus pasará y que lo que digan los telediarios, haced como nos hizo el Gobierno, ponedlo en cuarentana.


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