LAS FORMAS DE ANTAÑO

Hacía tiempo que no visitaba -porque no encontraba-  cafeterías clásicas. Esas revestidas de madera antigua. Las que dan calidez cuando entras e invitan a tomarte un buen café. Los trabajadores siguen las formas de antaño: se dirigen de usted, sirven en vajilla de porcelana y no se inmiscuyen en las conversaciones de los clientes.

La Rollerie. Madrid.
Las cafeterías así están casi en desuso. En tiempos como los actuales, la gente detesta lo antiguo sólo porque es antiguo. El progreso, para éstos, es siempre sinónimo de mejoría; en cambio, el clasicismo es conservador y, por ende, motivo de repulsa. La época que toca vivir es ésta y, como es inviable que nada pueda hacer, sólo queda la resignación. Epicteto hablaba de que la felicidad estriba en lo oculto. No hay nada más oculto que ser uno más, un número insignificante, una mota de polvo en un armario de desván, una gota de agua en el río caudaloso que es la vida.

En todas las dictaduras - y, quizá, ésta sea la peor por estar revestida para el aroma de la democracia- de pensamiento único siempre ha habido núcleos de resistencia que, con mayor o menor acierto, han conseguido seguir a flote. Esta cafetería es una de ellas. Por razones geográficas, meteorológicas y culturales, el sur español no tiene cultura de cafeterías, sino de bares. Sin embargo, el norte sí. Lo sé por lo leído a autores norteños. Muchos poemas de K. se localizan en cafeterías de hoteles como el Europa. Las novelas de Dolores Redondo no difieren en demasía. Por su parte, el sur siempre a corriente, siempre sin personalidad, siempre dejándose llevar. 

Lo clásico permite revivir, retroceder y estar dónde otros estuvieron. Favorece la compresión de la Historia. Propicia el acercamiento con la Cultura, así en mayúscula.

Hay dos acciones que permiten retrotraerse al pasado: leer y estar. Leer clásicos y estar en sitios clásicos. Lo primero cada vez se da menos. Lo segundo cada vez más difícil.

Para sobrellevar este dislate solo queda la observación, la asunción y adaptación en esta sociedad guiada por chisgarabíes peligrosos, zurupetos totales y rábulas poderosos.

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