FUI, SOY Y SERÉ

Noche mágica. Venida de brujas. Saltos en el mar dando la mano. Hogueras que iluminan el albero playero. Últimos de junio, inicio del verano.

Niños corriendo y jugando. Padres comiendo, bebiendo y riendo. Mesas y sillas de plástico. No para de sonar ese sonido que produce el abrir de latas, generalmente cerveceras. Parece idílico hasta que recuerdas que sigues siendo el mismo que el de hace una hora, mas no importa. Ahora se vive en la ilusión volátil. En el presente. El ahora se constituye como pieza vertebral de la vida y deseos.

Paseaba mientras sonaba Balmoral 2 en mis oídos, auriculares mediante. Observaba lo que ocurría en la playa mientras Johnny Hallyday dice aquello de "para ti la vida que te lleva, para mí la vida que me quema". Preadolescentes en su primer contacto con el alcohol, grupos que ponen lo que llaman trap -género de sonido, que no música-. Siempre se repiten los mismos patrones de jerarquía grupal: el chulo que anda mandando, la más guapa entre las chicas se muestra distante haciéndose de rogar aunque por dentro esté deseando entregarse al chulo, la pareja que discute no sin las coletillas "tío, hermano o bro".

El desprecio e indiferencia que me produce ver aquel grotesco espectáculo quizá provenga del 'efecto espejo'. Esto es, se produce una identificación con lo que se está viendo y, al verse reflejado uno mismo en ello, le produce rechazo.

Entiendo que son procesos que han de pasar todos lo que rondan esas peligrosas edades. Todos hemos tenido que pasar. Algunos más de soslayo que otros. Lo que sí es seguro es que cuando uno coge perspectiva temporal y analiza las acciones que antes realizó, sólo hay dos posibilidades: reír , pasar y pensar que fue cosa del pasado, o aprender a que la espontaneidad no es tan buena cuando no se tienen criterios o filtros suficientes.

Pueden imaginarse mi elección.

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