DÍA INVERNAL

 La hipocresía es el último homenaje que rinde el vicio a la virtud.

Ayer un amigo me citó a La Rochefoucauld. No le conocía, no sabía ni de su existencia, ni de los moralistas franceses, ni de nada. No sé nada. Es imposible conocer todo, me digo a modo de consuelo. Estuve pensando la frase toda la tarde. Fui al mejor observatorio social que existe: el bar. Los bares son fuentes de sabiduría esperando a que alguien los observe.

Acodado en la barra intentaba escuchar a mis vecinos. Dos hombre de mediana edad contándose las batallas para desahogarse. Observaba a los que entraban y salían. A los que compran tabaco, los que usan el baño, los que ven el fútbol y los que toman caliches para retrasar la llegada a su casa donde le espera una mujer hastiada y unos hijos.

Dio la casualidad que al día siguiente me encontré a él junto con su mujer e hijos. Iban arreglados. Tendrían compromiso familiar. Aparentaban ser una familia feliz. Él de traje, ella con pamela y sus hijos con la raya al lado en el pelo. De primeras, nada podría hacer aparentar que él, ayer, estaba tomando su dosis diaria de alcohol en el bar de abajo con mirada alicaída.

Ayer era un domingo de tarde grisácea y hoy es un sábado con un cielo azul con todas sus connotaciones. Ayer era un tipo angustiado y hoy es un tipo feliz.

 Mientras él me miraba buscando la complicidad, yo le miraba pensando en La Rochefoucauld.

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