LAS INCOHERENCIAS NO SON SIEMPRE MALAS.


No sé si solo me pasa a mí o es algo común. Mi vida se podría definir como una incongruencia. Una traición constante a los valores morales, la ideología y a la concepción antropológica que tengo del ser humano. Ves la vida con unas lentes oscuras, pero luego actúas de forma distinta. Critico con viveza a mi semejante. Me causa estupor ciertas actitudes que observo del ser humano.

Foto tomada del blog de Gonzalo M. Carrasco Lara.
La vida me parece un simple paso por el mundo sensible. No creo ni en las grandes empresas, ni en los grandes proyectos ni en la frase -estúpida- del famoso proverbio árabe de “pequeños hombres haciendo pequeñas cosas pueden cambiar el mundo” (o algo así era). No confío en el ser humano. Éste es malo por naturaleza, el único que mata por divertimento. No creo ni en sentimientos por banderas ni en sentimientos por territorios. No creo ni en España ni en Europa. No creo en líneas pintadas en trozos de papel. Soy un desgraciado – en el sentido virgen del término-.

Sin embargo, me emociono con proyectos universitarios. Hago pequeñas donaciones a oenegés. Aprecio sinceramente a mis amigos y quiero a mi familia. Cuelgo la bandera de España en mi balcón y mi piel se eriza cuando veo desfiles militares o actos heroicos. Defiendo la soberanía fronteriza de España. También, por si fuera poco, asisto de forma regular a misa, rezo cada noche y me emociono con la Semana Santa.

Leí hace poco a uno de mis articulistas favoritos. Se llama Gonzalo M. Carrasco Lara. Escribe de forma intermitente en su blog y, además, algunos artículos suyos los publica Zenda. Le conocí de casualidad. El primer artículo que leí es de los mejores que he leído nunca. Me encanta desde el título (La patria de un nómada) hasta el final. Es de esos tipos que no se dejan llevar por la sinrazón, el fanatismo y los sentimientos exacerbados. Escribe de forma coherente, mesurado y cargado de sensatez. Algunos escritos suyos te llegan a hacer mejor persona. Por ejemplo, esa frase que leí en el artículo citado antes que la llevo siempre conmigo “Home’s where ye have a nail in the bulkhead to swing yer oilskin and knife” (El hogar es donde hay un clavo en el mamparo para colgar mi chubasquero y mi cuchillo).

No sé, a mí me pasa con frecuencia. Puede ser que solo sea yo.

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