EL SONIDO QUE ROMPE EL SILENCIO
La radio. El transistor. Qué
objeto más valioso y que está tan despreciado. Estaba, como de costumbre,
haciendo uso del servicio público de cercanías de Renfe -sí, en ese en el que
me faltan diariamente al respeto llamándome cliente
en lugar de viajero- mientras escuchaba un podcast de un programa llamado
Poniendo las Calles. Es un programa que emite de 4 a 6 de la mañana.
![]() |
| Foto de la radio que reposa en mi mesita (regalo). |
Particularmente, le tengo un gran
aprecio a la radio. Desde hace cinco o seis años forma parte de mi almohada
todas las noches. Es lo que tiene haber sido miedoso y continuar siéndolo. Ese
murmullo que rompe el silencio de la noche. Esa voz que te calma. Esa persona que
te recuerda que no estás solo. Ese placer de despertarte, dar media vuelta,
tener la radio encendida y escuchar alguien que te diga “buenos días o buenas
noches, según se vea o según el oyente”. Esa sensación de ser partícipe de ese
programa. Ese gusto, “cuasi" orgásmico de sentirte pieza de ese programa que se
emite a horas inmundas, pero para ti es tu salvación. Ese goce cuando te
acuerdas que el día siguiente es fiesta y puedes escuchar tu programa hasta
tarde.
Podría seguir, pero el tiempo
apremia. No sé qué día es, solo sé que esta noche volveré a acostarme,
enchufaré la radio, me taparé y escucharé hasta que mi cuerpo diga basta. ¡Ah! Cuando
suene el despertador, maldeciré al pobre que primero se me pase por la cabeza.

Comentarios
Publicar un comentario