UN INTENTO DE EXPLICACIÓN DEL FENÓMENO ALVISE

La explicación de fenómenos electorales y políticos como el de Alvise y su plataforma política, Se Acabó La Fiesta, es una cuestión ciertamente arriesgada, especialmente por la poca distancia temporal entre la irrupción y esta entrada. Sin embargo, dado que conozco a Alvise hace bastantes años (desde que fue jefe de gabinete de Toni Cantó), creo que puedo arrojar algo de luz.  A mi juicio, hay dos datos que pueden ayudarnos a entenderlo: el papel de las redes sociales y el profundo hastío de parte de la ciudadanía española, sobre todo los jóvenes, hacia los partidos tradicionales. 

En primer lugar, es evidente que Se Acabó la Fiesta y Alvise son un fenómeno típico de la sociedad de la información. La fama de este joven sevillano comenzó cuando se creó un perfil de Twitter en el que ponía cosas atrevidas sobre la política. Siempre fue un profundo antisocialista o, mejor dicho, antiPSOE, y, en redes sociales, si sabes moverte bien, poner mensajes grandilocuentes y echarle algo de cara al asunto, puedes encontrar un buen caladero. Esto lo entendió a la perfección Alvise, y a través de su perfil fue ganando seguidores a base de un lenguaje algo irónico y claramente ofensivo contra el socialismo. Hasta el año 2019 era un simple tuitero, pero su verdadero salto a la fama llegó con la pandemia COVID19, cuando, gracias a las teorías conspiranoicas que abonaron algunos en las redes sociales (los antivacunas) y que él supo explotar, se creó un canal de Telegram en el que ponía noticias tratando de mostrar que los confinamientos y el virus eran una farsa. Cuando vio que aquello tenía éxito y que la gente empezaba a tildarlo de tipo valiente que publica aquello que los medios de comunicación tradicionales no hacen por miedo, apostó por ir más allá mediante la publicación no solo de noticias o rumores pandémicas y decidió montar un grupo con sus seguidores para fotografiar a políticos en escenas privadas (cenas, vacaciones, etc.) con el objetivo de mostrar al público la vida ostentosa en la que vivían. De esta forma, por ejemplo, fue célebre la foto que publicó de Óscar Puente, otrora alcalde de Valladolid y ahora ministro de Transportes, conduciendo un Mercedes Clase G valorado en más de ciento cuarenta mil euros. O las cenas siempre opulentas y en buena compañía de José Luis Ábalos. 

Esta popularidad ha sido posible y es explicable por la influencia de las redes sociales. Es casi un tópico afirmar que estas han cambiado radicalmente la labor periodística: por un lado, ya no ostentan el monopolio de las noticias, pues cualquiera puede transmitir información al público y, por otro, ya no son ejercen como intermediarios, pues el político o cualquier persona puede comunicarse con el público de forma directa. Estos dos ingredientes, creo, permiten explicar la popularidad de este tuitero devenido candidato electoral que ha conseguido el voto de casi 800.000 españoles. 

La segunda de las causas que he introducido me parece que es de sobra conocida. Cuando uno habla o escucha a la gente de su entorno puede percibir de manera rápida la sensación que les invade: los partidos tradicionales han dejado de atraer a la juventud. En su mayoría, los jóvenes se siente distanciados de unos políticos que parecen más atraídos por las cuitas entre ellos que por conseguir llegar a una generación de la que quizá se sientan demasiado alejados. Probablemente, la gran ruptura generacional se esté produciendo en estos momentos entre los que tienen ahora más de 35 años y los que tienen entre 20 y 35. Entre mis amigos, no es raro que no vean el telediario y se informen por vídeos de TikTok o que, en lugar de hablar con los amigos por teléfono o saquen tiempo para tomarse un café, prefieran conectarse por videollamada para habar mientras juegan a videojuegos. Es evidente que los nativos digitales suponen un reto sociológico de estudio que ha de abordarse en no demasiado tiempo. Y esta realidad también tiene afectación en la política. Alvise Pérez representa la disrupción siempre atrayente para los jóvenes que proporciona publicar cosas complicadas o sacadas de contexto y la combina con información fácilmente digerible, de consumo fácil: no publica datos o hechos, sino que da directamente las conclusiones. 

En definitiva, no sé si este fenómeno es tan explosivo como efímero -al estilo de Jesús Gil o Ruiz Mateos- o si el contexto actual favorece la permanencia de Alvise en el panorama político español. Esto solo lo dirá el tiempo. Pero de lo que sí creo que podemos estar seguros es de que este irrupción solo es explicable desde una sociedad diferente a la de hace veinte años, cuyo hecho diferencial, a mi juicio, reside en las redes sociales y la sociedad digital. 

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