YOLANDA DÍAZ Y EL HALAGO DESMESURADO

 

He leído, escuchado y visto demasiadas loas a Yolanda Díaz. Creo, sinceramente, que son bastante erradas. A mí no me deja de parecer una mujer que habla mucho y no dice nada. Con mucha forma y poco fondo. Bien es cierto que el nivel del político actual -salvo contadas excepciones- es paupérrimo, prueba de ello es que la tesis doctoral del Presidente del Gobierno es una recopilación de texto copiados, tal y como probó Javier Chicote en ABC, y que no se puede acceder a ella de ninguna manera.

La carrera política de Yolanda Díaz es paralela a su carrera vital, pues todo su desempeño laboral ha sido en política, siempre al lado del histórico dirigente comunista gallego Beiras. Su salto al escenario nacional se produjo porque era la cuota gallega, así como la catalana con los infaustos Castells y Subirats, de la coalición. Estuvo dos años de Ministra de Trabajo sin demasiada fama ni reputación, más allá del innegable gusto estético en comparación de sus compañeras curules. Uno de los momentos más destacados de aquella etapa es la rueda de prensa al inicio de la pandemia donde, como detentora de la cartera de Trabajo, fue incapaz de explicar qué era un ERTE y tuvo que ser rescatada por su compañero, el ministro de Inmigración y Seguridad Social José Luis Escrivá. Mas su gran catapulta se la dio Pablo Iglesias, con el que ahora anda de riñas y cuitas, tras el abandono y dimisión debido a la derrota imponente que tuvo ante Díaz Ayuso en las elecciones de mayo de 2021.

En el anuncio de su dimisión y despedida, Pablo Iglesias nombró a Yolanda Díaz como sucesora, en un gesto que no me explico -bueno, sí lo hago- cómo no suscitó la indignación de la madre de sus hijos y también ministra Irene Montero al ser una pura manifestación de mando masculino o, como diría la propia Yolanda, de testosterona política. Con la vitola de sucesora, Pedro Sánchez la nombró Vicepresidenta Segunda y ahí comenzó su fama. Me acuerdo de que al poco tiempo de dicho nombramiento se organizó en Valencia un acto que titularon de «mujeres feministas» donde acudieron, además de Yolanda, Mónica García, Mónica Oltra, Ada Colau y Fátima Hamed. Qué poker, ¿no?

La virtud principal de Yolanda es la simpatía y la verborrea cuasi argentina de la que hace gala en cada intervención. Prueba de ello es el tuit que escribió hace pocos días donde decía: «La inaceptable decisión de Ferrovial de cambiar su sede a Ámsterdam ha generado indignación en nuestro país. El Gobierno va a seguir defendiendo el interés general. Las empresas tienen que comprometerse con su país y la mejor forma es avanzar en democracia económica» (el énfasis es mío). Sinceramente, ¿qué es la «democracia económica»? Sé que el Presidente firmó una tesis bajo el nombre de «diplomacia económica», pero la «democracia económica» es un término ciertamente novedoso. La verdad es que me inclino a pensar que ni ella sabe lo que es, únicamente son dos vocablos que gozan de cierto prestigio.

Por otra parte, no creo que el tirón electoral de Yolanda Díaz o de la marca «Sumar» vaya más allá de ese biotipo de pijo «malasañero» tan criticado, por ejemplo, por Juan Antonio García Amado en su reciente entrevista en The Objective (enlace: https://theobjective.com/espana/2023-01-29/garcia-amado-momento-cursi/). Yo tengo amigos así, que se declaran ecologistas y, para seguir los postulados ideológicos, en el mejor de los casos se hacen veganos; también son muy feministas, animalistas y, por supuesto, activistas LGTBI+ (el «+» es porque, según he leído en la Red, hay once tipos de géneros; todos claro, salvo el heterosexual, oprimidos por el heteropatriarcado). Entre estos sí que tiene tirón Yolanda, pero no creo que a la izquierda no urbana, es decir, entre los obreros que son los que mayoritariamente han votado siempre a la izquierda (andaluces, castellanomanchegos, extremeños o asturianos) les convenza. Simplemente por una cuestión simple: no les hablan de cosas que les incumben, como son la subida de los precios o la depauperización de la clase obrera. Además, estos notan claramente cómo su nivel de vida está cayendo, cómo cada vez tienen menos poder adquisitivo. Cuando hablas con alguno de ellos, y yo por mi barrio y mis allegados lo hago, siempre te dicen lo mismo: se sienten abandonados. Al operario fabril no le interesa, porque no le toca ni le preocupa, la ley trans, ni la ley de bienestar animal, ni la ley contra el racismo. En cambio, sí que les preocupa la ley de libertad sexual, que puede generar inseguridad en los barrios humildes cuando algún condenado se vea beneficiado y salga antes de prisión, o la política inmigratoria que, en determinadas zonas, crea un problema de convivencia serio.

En definitiva, las encuestas parecen coincidir con mi percepción y a Sumar le dan un resultado exiguo. De hecho, la división del voto perjudica enormemente al bloque de la izquierda y parece apuntalar lo que, espero, sea el cambio de gobierno. Queda partido, como dicen algunos analistas cursis, y el primer set es el 28 de mayo; el set definitivo en diciembre, si es que no se adelantan las generales que nada es descartable.

PD. La entrevista concedida a Jordi Évole ha corroborado mi opinión sobre ella y, particularmente, el intento de ridiculización del diputado Casero por su error sonado me parece de un mal gusto abisal.

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