CENSURA EN LA PRESENTACIÓN DE UN LIBRO

 

“Nadie nace en un cuerpo equivocado”. Este es el título del libro de dos profesores universitarios, José Errasti y Marino Pérez Álvarez. Les reconozco que no he leído el libro. Por ello, el motivo de esta entrada no es el contenido del libro, sino de las reacciones que ha suscitado y que, en mi opinión, denotan algo más que una crisis de valores -como la denominan-.

En el marco de una presentación del mismo en Barcelona, en la Casa del Libro, ha tenido que intervenir la policía para que unos manifestantes, dizque defensores de la democracia y los derechos del colectivo LGTBI, no impidieran que la presentación pudiera llevarse a cabo. Pero no es nuevo, pues en el mes de abril, en la Universidad de las Islas Baleares, ya se produjeron altercados cuando sendos autores fueron a presentarlo.

Cualquier lector estará ya ciertamente indignado con el asunto, pero, hete aquí, la cosa tiene más enjundia. Una de las cabecillas encargadas de los actos de violencia para impedir que los autores pudieran expresar en el foro el contenido del libro e iniciar un coloquio con aquellos que quisieran es una profesora de la propia UIB. No diré su nombre, mas es fácil encontrarlo.

El hecho me produce una especial preocupación. Se presupone que en la Universidad, como institución máxima de enseñanza debe cumplir la función social conducente a la innovación. Innovación -y más en el caso de las Ciencias Sociales- basada en el debate de ideas y, por consiguiente, de conclusiones que enriquezcan a la sociedad en su conjunto.

Esta función no se debe perder de vista, pues de otra forma vamos a convertir la universidad en una factoría de títulos sin valor. Una especie, como suele decir Tomás, de charcutería de títulos ornamentales, que nada aporten a quien los posee.

Leía el otro día a Diego Garrocho, profesor de Filosofía de la UAM y columnista en ABC, a propósito de la eliminación de los artículos taurinos en El País, una frase que me pareció rotunda: «lo siento por los lectores taurinos, pero sobre todo […] por los que compraban este periódico asumiendo que la cultura siempre tiene algo de desafío». Los sedicentes contribuyentes al enriquecimiento del panorama cultural (y no cabe duda de que una profesora universitaria de Psicología participa activamente en el patrimonio cultural nacional) han perdido ese deseo de desafío.

La censura es el mecanismo fácil para aquellos que no creen poder esgrimir argumentos consistentes. Es, ciertamente, una lástima que en España se tenga que acordonar una biblioteca para la presentación de un libro. Un libro que, como los propios organizadores de la protesta reconocieron, no han leído.

Comentarios

Entradas populares