DOS VIAJES MUY DIFERENTES
Acabo de terminar el viaje -narrado,
naturalmente- que cuenta Jorge Bustos, jefe de Opinión del diario El Mundo, en
su libro “Asombro y Desencanto”. Ni que decir tiene que Jorge es una -para mí
la mejor- pluma del columnismo patrio. Me refiero a pluma, es decir, a la
capacidad para escribir. Leer columnas de él, o libros como es este caso, requiere
cierta atención, pues el vocabulario empleado es tal que a veces te obliga a
echar mano del diccionario más próximo. Hace gala de su gran dominio del léxico
español, lo que le dota de mayor dificultad pues el español es uno de los
idiomas más profusos del mundo. Fíjense que distinguimos entre “estar” y “ser”.
El libro narra dos viajes muy
diferentes. El primero por Castilla La Mancha, siguiendo la estela de Don Quijote,
en el cuarto centenario de su publicación. Lo realiza por encargo de El Mundo al
poco tiempo de su aterrizaje en la redacción. Intentando emular lo que realizó cien años antes Azorín,
Bustos recorre los pueblos más emblemáticos de la zona más carismática de la
nación. En concreto, visita Puerto Lápice, Alcázar de San Juan, El Toboso,
Belmonte, Argamasilla de Alba, el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel,
Ciudad Real, Almodóvar del Campo, Venta de Inés, Almagro, San Carlos del Valle,
Villanueva de los Infantes y Ruidera, con sus egregias lagunas.
La prosa juvenil, entusiasta y hasta
presuntuosa de Jorge -se nota que es un recién llegado y pretende epatar-
recorre los pueblos manchegos para narrar a sus gentes. Esta parte es una oda a
los castellanomanchegos, a esos cuyo laconismo les hace único y su acento huele
a tierra. Aquellos que han montado en torno al personaje cuya vida crea la novela
moderna, a manos del alcabalero Cervantes, una especie de parque temático de D.
Alonso Quijano. Nos habla de sus gentes, pero también de su gastronomía, de su
asfixiante calor en pleno junio y de la amabilidad con la que siempre le
trataron. ¿Eres de Callejeros?, le espetaron en alguna ocasión.
La Mancha es una zona única
porque no alcanza el bienestar. En invierno, las temperaturas son insondables;
en verano, el mercurio asciende a cotas muy altas. La gente está acostumbrada a
esa vida frugal. Sin darse cuenta, Jorge traza una aventura que, espero, no
tenga resultados calamitosos. Para los que hacen negocio con la “España vaciada”,
el libro puede ser el epítome del gusto; el orgasmo literario; el éxtasis sicalíptico.
Aquéllos que braman contra la despoblación y el éxodo desde el ático en pleno centro
de la capital.
La segunda parte, el viaje a Francia
es la parte más reconocible del Jorge actual, aquel que ve la vida desde la
posición cómoda. Ya es jefe de Opinión de El Mundo y comparte su vida con la
diputada más atractiva que ha habido en el Congreso, Patricia Reyes. El viaje
lo hace con “Pat” -así la llama él en la dedicatoria- al volante. Los gustos
han cambiado, y el hedonismo ha penetrado en el autor. Le presta mucha más
atención al vino, a la buena comida, a los paseos calmos. El viaje se realiza
por toda Francia, desde la Bretaña Francesa hasta Normandía, pasando por París,
donde se detalla en exceso en detalles nimios como la visita por el Louvre. No
digo que el Louvre no sea destacable, pero aprovecha para plasmar conocimientos
históricos que desentonan con el libro. Éste cuenta emociones, sensaciones,
sentimientos del autor al recorrer Francia; y eso es lo que queremos leer
cuando estamos con “Asombro y Desencanto”.
Jorge reconoce que no sabe nada
de Francia, que jamás la ha visitado y que tiene cierto resquemor a lo francés
por causa del entorno conservador en el que se crio. Quiere destruir el
prejuicio. Y lo aniquila.
Describe los castillos, las
plazas, los pueblos idiosincrásicos. El momento que, por motivos estrictamente
personales, más he disfrutado es la visita al castillo donde el sabio Michel
Eyquem de Montaigne se retiró a escribir su abismática obra en torno al “¿Qué sé
yo?”
Jorge escribe como los ángeles. Cuando
tiene que dejar la zafia realidad política, y da rienda suelta a su talento,
salen verdaderas maravillas como este volumen que está al alcance de cualquiera
que desee, en estos tiempos ásperos, pasear por territorios enriquecedores.
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