DÉJENSE DE HÉROES CON CAPA
Pensé
en escribir diarios de la cuarentena. El transcurrir de los días monótonos hace
que acucie las ganas de hacer algo. Algo que rompa con lo que llevas veintiocho
días haciendo. Algo que me haga salir del maldito trabajo final de carrera y de
los apuntes de Derecho. Algo que permita emular a los amigos. Sí, esos con los
que te comunicas por mensajes o por videollamadas entrecortadas.
Hay
momentos nebulosos donde todo se torna negro. Parece que tienes muchas cosas y
poco tiempo, como si dieciséis horas diarias no fueran suficientes. Son
instantes donde la mente te falla, te traiciona y te hace caer en la nube
negra. Tiempos donde hay que buscar modelos, gente que te inspire para seguir luchando
contra eso invisible, pero que es muy palpable. Para eso que los expertos
llaman Covid-19 y los legos coronavirus.
![]() |
| Joselito el Gallo. Este año es el centenario de su muerte. |
Un
héroe es José Antonio Ortega Lara. Funcionario de prisiones secuestrado por la
banda terrorista ETA que lo retuvo torturándolo durante 532 días en un zulo.
Zulo que se hallaba en una nave poligonera escondido debajo de una máquina.
Buen escondite, en palabras del guardia civil que le rescató (por poco se van y
se lo dejan). Allí, según narra el mismo Ortega Lara, pasó su calvario. Hubo días
donde pensaba que le sacarían. Saldría de ese infierno. Otros, en cambio, la mente
le fallaba. Llegó a diseñar el acto más cruel que puede realizar una persona:
el suicidio, pues va en contra del instinto que vertebra a los animales: la supervivencia.
Otro
héroe es Teodoro Palacios Cueto, conocido como el capitán Palacios. Protagonista
del fantástico libro de Torcuato Luca de Tena. Ese capitán, héroe olvidado en
los caletres del vulgo patrio, resistió 11 años en diversos gulags. Desnudos
desfilaban en pleno invierno siberiano, presos después de la famosa y heroica
batalla de Krasni Bor. La División de Voluntarios Españoles, conocida como
División Azul, tenía entre sus filas a este cántabro que es un modelo a seguir.
Fiel a su patria, ayudó a aquellos paisanos que desfilaban por los gulags
apresados por el ejército rojo tras mentirles sobre su repatriación. Él, que
era un hombre al servicio de Francisco Franco, ayudó a republicanos a
sobrevivir en aquellos gélidos campos. Aguantó, resistió y llegó con vida. Vida
que le sirvió para que Torcuato plasmara su experiencia en ese libro que todo
hombre debería de leer como es Embajador en el Infierno.
Otros
modelos a seguir, estos en plural, son los toreros. Los últimos héroes. Los artistas
guerreros. Los batalladores artistas. Los que se juegan la vida en el único
espectáculo en vivo que queda en el mundo donde, como mínimo, uno de los protagonistas
muere y el otro se juega la vida en el intento. En el tendido miles de personas
en un ambiente absolutamente festivo. Cervezas, cubalibres, tabaco y puros. En
el albero un hombre solo acompañado de su cuadrilla -sus escuderos, al más puro
estilo quijotesco- y usando un trozo de tela con una espada, lidiando con su
miedo, intenta no perder la dignidad y hacer pasar, y con ello crear una obra,
a un animal de quinientos quilos que no se sabe el guion. La soledad del
torero. La valentía del héroe. La pureza del artista.
En
fin, estos son los héroes que os presento. Por supuesto hay muchos más que
merecen todas las loas que queráis, pero cada uno decide quien le inspira. A mí
dame a José Antonio, a Teodoro y a José Gómez, Joselito, y déjense de héroes con
capa.

Comentarios
Publicar un comentario