LA ILUSIÓN POR SEGUIR.


En tiempos como éstos de turrones, mazapanes y falsos designios, las reflexiones en soledad son importantes. Quizá, este momento del año, no sea el más proclive para decir esto que me dispongo a escribir, pero en este blog quiero dejar patente todo aquello que siento ahora; de todo aquello que pienso para que así quede constancia.

Resultado de imagen de el sonido del silencioEn plena oleada de indigencia emocional, me hallo en una etapa bonita. Un estadio de mi vida -tal vez el mayor- donde siento impulsos que son ilusiones. La línea a seguir en el futuro está trazada, la tengo ideada y pintada, tan sólo me falta seguirla. La ilusión por avanzar cumpliendo metas me llena de ganas y, puede ser, me embriague de vez en cuando. No debe ser extraño, pues tengo veintiún años.

La vida, dicen algunos eunucos, está hecha para disfrutar y no pensar más allá, mas yo creo que eso, precisamente esa mentalidad tan infantil es el cáncer que asola y metastasea a través de la sociedad actual. El presente es lo único que se puede cambiar y es lo único en lo que se debe pensar, decían los estoicos. Sin embargo, ese reduccionismo deja a la intemperie la conciencia y la reflexión futura: dos de los pensamientos vertebradores de la vida de una persona.

Estos momentos, como venía relatando, están siendo especialmente fructíferos en tanto en cuanto noto que se están produciendo avances importantes en mi vida. Noto cómo mi inquietud me pica a la puerta para que le haga caso, que la tenga en cuenta, que está presente.

Estos momentos invitan a la reflexión. Son momentos de asueto donde la mente se despeja, los pensamientos fluyen y comienzan a brotar. Entre villancico y comida copiosa hay tiempo para la introspección que permita entender quién eres, cómo estás y qué quieres hacer contigo.

Algo por dentro de mí me dice que siga, que continúe este camino que se antoja correcto. Es duro porque crea grandes insatisfacciones y desafecciones, pero se prevé gratificante. Estoy contento con mi vida, con lo que soy y con lo que quiero ser. No es esto un alarde de ego, sino unas reflexiones que me permiten desahogarme en este mar de dudas. Como la luz del faro en mitad del mar oscuro e incierto, estas palabras iluminan el sendero oscuro por el que transcurre la vida.

No hay mejor manera de expresar algo que escribiéndolo. La ordenación de ideas se produce aquí, mientras se va el día de Navidad. A veces, es necesario la reserva de cosas para uno mismo; otras hay que verbalizarlo para que salga.

Tal vez, tan sólo sea una reflexión anodina y soporífera, pero es la reflexión que me permite reafirmarme en que uno debe aceptarse. Una vez que alguien interioriza que es así y que cualquier intento por hacerlo será estéril, empieza el momento de la felicidad. Ese momento donde uno es feliz, y de donde hay que procurar no salir porque ya se sabe que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

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