UN EXTRANJERO
La vida te pone personas delante. Tú decides si cogerlas o no. La simpleza de la afirmación podría parecer que fuese cogida de uno de esos manuales de autoayuda tan despreciados por mí. Sin embargo, con el paso del tiempo he ido aceptando la realidad de los hechos.
Extraño podría ser el adjetivo adecuado para él. Extraño como un pato en el Manzanares, decía el genio jienense. Extraños sus gustos, extraña su morfología y extraño, también, el prisma con el que enjuicia los hechos.Se gana la vida de profesor en un Instituto venido a menos de una ciudad con cierto complejo pueblerino. Licenciado en historia con especialidad en contemporánea intenta transmitir sus conocimientos luchando contra la corriente pedagógica existente. No usa Power Points ni pone vídeos de YouTube. Su voz, sus muecas y sus extremidades son sus herramientas.

Capaz de pasar días en librerías y salir sin adquirir nada. Canta a viva voz las canciones de su cantante predilecto: Loquillo. Lee a Cioran en la penumbra como quien esconde algún tesoro y no quiere que sea notorio. Vivir... ¿Vivir? Parafrasea a Emil con su ya famoso aforismo "el hecho de que vivir sea un sinsentido es motivo suficiente para hacerlo". Dice ser un desgraciado en el sentido virgen del vocablo -carente de la gracia de Dios-.
Otro adjetivo que podría ser adecuado sería frugal. Frugal como un ermitaño. No precisa de grandes lujos. La felicidad no es objetivo moral. Aborrece la estulticia y asume su consecuencia. La cultura es lo único que le entretiene para pasar el tiempo muerto.
Si tuviera que identificarle con alguien sería con el protagonista de El Extranjero. El desencanto alcanza cotas insospechadas, el hastío, por su parte, irrefrenable. Con diecisiete yo y treinta y ocho él nos conocimos en Praga. Poco habíamos hablado anteriormente, pero una burda conversación sobre la comida desencadenó la amistad. Con prontitud entablamos conversaciones, salimos a pasear por Praga a altas horas de la madrugada, tomamos una copa en un bar praguense; con gratitud recuerdo aquello.
Pocas veces ocurre, pero la relación siguió. Nos intercambiamos los números de teléfono mientras nos veíamos asiduamente por el centro de estudio y trabajado respectivamente. Quedamos a tomar café. Le fui conociendo más a medida que el tiempo nos iba citando. Siempre me ofreció su ayuda, su conocimiento y su buen hacer en aquello que pudiera resultarme útil. Jamás me dejó invitarle a nada. Recuerdo una tarde lluviosa de viernes que fuimos a visitar una librería a una localidad cercana. Puso su coche sufragando los gastos de gasolina, parking y asumió los gastos de desgaste. Dice otro amigo que las personas se diferencian por detalles; en este caso sin lugar a dudas.
La vida te pone personas delante. Ésta se diferencia de la mayoría en un detalle: vale la pena escogerla.
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