UNA NOCHE DIFERENTE
Estaba escuchando música cuando
recordé lo ocurrido este verano.
Volvíamos de un viaje por el
norte de Italia. Cogíamos el avión en Florencia. Despegábamos a las 17:45. Nosotros
a las 14:00 habíamos llegado a ya al aeropuerto -cansancio más que previsión-.
Yo me encontraba malo, una de esas indigestiones tan propias mías en cada viaje
fruto de mi poca paciencia y de mi gula -pecado capital-. Los demás también
tenían ganas de regresar.
Pasamos el control de seguridad y
estábamos tirados en el suelo. Había WIFI y nos entreteníamos viendo corridas
de toros o partidos de fútbol vía YouTube.
Faltaba menos de una hora para despegar cuando anuncian que debido a
problemas atmosféricos el avión ha aterrizado en Pisa y debíamos desplazarnos
hasta allí. Por supuesto, el traslado corría a cuenta de la compañía. ¡Qué
generosos! Vuelo destino Barcelona y, una vez allí, escala hacia Alicante.
Salimos a las diez de Pisa.
Perdimos la escala. Noche en el Prat. Si no hubiera sido por mi indigestión
estomacal, me hubiese hecho ilusión. La compañía nos ofrece salir a las 10:30
del día anterior, mas rechazamos. Cuanto antes mejor, a las 07:00.
Nos dieron vales canjeables en
las cafeterías de la terminal. Era la una de la mañana y ya estábamos de nuevo
en el suelo. Once de julio y en el Prat estábamos congelados. Cosas de los
aires acondicionados. Intentamos dormir tapados con las toallas robadas en el
hotel de Florencia. Fue misión imposible.
A las cuatro me levanté y fui a
dar un paseo por la T1. La sensación de adormilamiento es parecida a la
embriaguez y me hace soñar. Andaba por aquel lar mientras cantaba dos
canciones: Copenhague y Así estoy yo sin ti. Momento mágico. La
sensación soporífera hizo que desconectara y no tuviese los cinco sentidos
activos.
Siete meses después aún recuerdo
con gratitud aquel paseo. Me identificaba con los veintiún calificativos que da
Sabina en la canción arriba señalada. Y estos son: extraño, torpe, absurdo,
vacío, oscuro, negro, febril, perdido, huraño, triste, vencido, lascivo,
furtivo, inquieto, errante, quemado, solo, inútil, violento, amargo y macabro.
Pues sí. Con cada uno me
reconocía. Tal vez suene triste, pero no recuerdo haber sido más feliz en
todo el verano 2017.
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