LUGARES EVOCADORES
Andaba yo por la calle.
Auriculares en el oído. Gente Despierta
me hablaba. Había quedado y llegaba pronto. Decido hacer tiempo paseando por
Elche. Hablaba Màxim Huerta sobre trenes y estaciones. Lanza una enumeración de
adjetivos que me estremece. Paro el podcast y rebobino (ventajas de las nuevas
tecnologías). ¡Qué dominio!
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| Mercado San Antón. Madrid. |
Me dispongo a salir, sonrisa
mediante. Me detengo. Me giro. La frutera me devuelve la sonrisa con destellos
picarones. Me guiña un ojo. Le devuelvo la mueca y salgo. Se acaba todo: el
olor, la melancolía, la morriña y la felicidad. Sustituida por la frialdad, el movimiento
y el estrés propio de los que un viernes, a las siete de la tarde, quieren
acabar su jornada laboral. Cruzo la calle. Màxim se está despidiendo. Anima a
la gente a escribirle correos para la próxima semana. Me entusiasmo. Ya sé el
tema que mandaré: mercados centrales. En cuanto llegue a casa le envío el
correo, pienso.
Estoy llegando. Veo a la que será
mi compañera las próximas dos horas. Me sonríe mientras levanta la mano. Llego.
Saludo. Dos besos. Nos sentamos. Son las 17:00. Puntualidad torera.
En fin. La vida misma.

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