UNA TARDE CUALQUIERA
21:30. Alicante. Me disponía a
salir del pabellón en el que había terminado mi jornada de arbitraje. Maleta en
mano, llaves en la otra y paso decidido. Me acompañaba mi pareja de aquella
tarde por canchas alicantinas. Fue un partido duro y ajustado. Un final de
infarto, con una jugaba un tanto polémica ya que se reclama falta faltando un
segundo. No se pita y acaba el partido 64-63. Dos equipos de la misma ciudad se
enfrentaban y, por ese motivo, se palpaba la tensión de quien se la juega
delante de sus amigos con un enemigo bastante conocido.
Una vez encaramos la salida del
pabellón diviso a un sujeto que se fija en mí, me mira y se viene. Yo lo
esquivo y suelta: “Charly, hay que pitar mejor”. Ante tal vulgaridad lo miro y,
sin mediar palabra, sigo mi camino. Mi compañero le recrimina que me deje, que
ya ha acabado el partido. Seguimos hablando hasta que llegamos a los coches.
Nos despedimos. Me desea buen camino y que haga caso omiso de la gente así. Yo
me muestro agradecido y me despido.
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| Bernabé Maximiliano. Flickr. |
Sigo, como diría mi abuela, dale
que te pego con el asunto. Recriminándome mi actitud ante la situación, por
desgracia, cotidiana en esto del arbitraje. Me pongo la radio para olvidarme un
poco de ello. La apago. Sentimiento de auto culpa. Finalmente, para acabar con
ello, me digo: “Pablo, si hiciste eso y no otra cosa es, quizá, porque no
puedas ser de otra forma”. Cierro los ojos y me duermo.
Al día siguiente tengo tres
partidos más.

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